7.20.2005

Odio la caridad

Una chica rubita, menuda, con una falda ibicenca a la moda, de blanco impoluto. Está sentada al lado de la puerta de la FNAC. A sus pies, un trozo de cartón con un letrero: "Para tiket". Y yo digo: mira, una pobre mochilera guiri que se ha quedado tirada y no sabe volver al hostal. Y le pregunto dónde quiere ir, para de paso indicarle cómo llegar al metro. Sonríe tristona, y me dice que a Hungría. Tiene un par de palas rotas. A mí se me cae el alma al suelo: ¿de dónde ha salido esta chica?¿Cómo se ha roto los dientes? Le doy el euro y medio que llevo en el bolsillo y le deseo suerte. ¿Qué mas puedo hacer?

Y claro, uno se empieza a preguntar de dónde ha salido esta chica (como mucho, tenía 20 años), cómo ha venido a parar a Valencia, vestir a la moda, y pedir dinero por la calle para volver a Hungría. Luego te preguntas cuánto costará viajar a Hungría, y si alguna vez podrá hacerlo. Y luego te preguntas cómo acabará la pobre chica.

¿Por qué no nos preguntamos todas esas cosas cuando vemos mendigos andrajosos y sucios en la calle? Porque no nos identificamos. Pero esta chica se parecía a gente que veo todos los días, a amigas mías. Y entonces te la imaginas durmiendo en algún parque para ahorrar para el viaje de vuelta a casa, diciéndose que sólo es transitorio, que cuando vuelva todo irá mejor. Y te da la sensación de que cualquier día puedes verte con tus gazelle escarbando en la basura. Todo empieza en algún sitio, y tal vez los mendigos locos que vemos todos los días fueron un día chavales a la moda pidiendo para el bus. Menuda mierda.

Porque luego piensas en todos los listos que se sacan pasta haciéndose los pobretones, y que a lo mejor ésta chica era una de ellos. Me cago en la puta. No sabes si te rompe el corazón o te pone de mala hostia. Y ante la duda, duermes la culpa y la duda con un euro y medio y un post que no lee nadie.

1 comentario:

jota dijo...

Alguien lo leera. no sufras.