8.16.2005

Odio a los flequis

Flequis, gafapastas, poppies, modernetes, e incluso algunos que van de listos dicen que son mods sin saber quiénes son los Who.

El caso es que, si la vida no hubiera seguido otro curso, podría haber acabado siendo un flequi de primera división, pero mi pelo ondulado me impidió entrar en la santa hermandad de los flequis.

Esta gente siempre hace cosas súper interesantes con su vida: han estudiado audiovisuales, bellas artes, diseño gráfico, estilismo, diseño de moda, ilustración. Trabajan de dj's, relaciones públicas de garitos que no conoces de nada, dibujantes... Y la mayoría publican en revistas gratuitas de tendencias. Va pregunta: ¿les pagan en esas revistas lo suficiente para poder llevar el tren de vida salvaje que se gastan? Pues no, la mayoría de esas revistas no pagan a sus colaboradores sino con pases de backstage en algún concierto, o cosas igual de molonas pero intangibles. Todos viven en pisos súper modernos, que decoran a su gusto. Todos tienen problemas para explicar de dónde sale la pasta para un alquiler en el centro. Y para su mini de color crema con llantas de espejo.

Su rollito es muy intelectual: nombra un director de cine molón, y sin duda lo conocerán. Pero no les pidas que te cuenten de qué iba su última peli, porque no la han visto. Pero han leído su nombre en una revista, y eso quiere decir que les ha de molar. Sobre el papel, les mola la música pop intimista y con letras sensibles (como a mí, debo decir). El problema es que luego se meten de todo y bailan música comparable a la del Chocola. De verdad: un bakala con el que congenié me puso un día un CD de Barraca, y me moló más que lo que había oído en Le club un par de días antes. En el mismo rollo, pero mejor hecho. Supongo que en eso también hay una tradición que debe ser respetada: en el bakaleteo, los bakalas mandan.

Ellos son, por definición, apocados. Yo no puedo ser flequi de verdad porque mi caja torácica es demasiado prominente (y peso 15 kilos másque la media de ellos). Ellas van de súper- monas inocentes (víd. "Odio a Amélie", un par de posts más abajo), y muchas veces -a ver si estáis de acuerdo conmigo- son flacas y narigudas, y hacen bien en taparse la mitad de la cara con el flequillo. Siempre está el rollito vintage, que es básicamente vestirte como te vestían tus papis cuando tenías 8 años, con chándals que odiabas y gafotas que hacían que todos se rieran de tí.
A algunos de ellos también les va el rollo garagero. Pero ninguno de ellos llevaría las pintas guarras de los Fuzztones. A cambio, tenemos el uniforme popero: " adidas gazelle: 70 euros. pantalones diesel vintage: 90 euros. camiseta miss sixty: 60 euros. gafas de pasta moschino, 240 euros. pose de superioridad y un poquito de asco: no tiene precio".

Son poperos que no conocen a los Beach Boys, porque les parecen garrulos, ni los Kinks, ni los Zombies, ni los Small Faces, ni David Bowie, ni Lou Reed. A cambio, a todos les mola Alaska. ¡Horror! Al menos que se pongan hombreras para que podamos reconocerlos... Juran por los electroduendes, aunque cuando los vieron por primera vez no sabían de qué iba la mitad de lo que decían. No quiero decir con ello que los electroduendes sean Kierkegaard, pero vamos, a los 7 años uno no entiende "viva el mal, viva el capital", nos pongamos como nos pongamos.

No sé, les tengo mucha rabia porque siempre me ha molado la idea abstracta de gente a la que le mola el pop sesentero inglés, que va en vespa, que lleva parkas hasta en verano (¿eh, Andrés? Siempre quisimos una parka, pero nunca llegó...), que lee y se interesa por el arte... Pero al final me siento muy decepcionado con una gente que muestra tal complejo de superioridad, y encima sin tener puta idea de qué quiere decir la mitad de lo que citan. Es como si uno se rapara la cabeza y se pusiera martens de bola y se hiciera trabajador social en la Coma. El desconocimiento de las reglas no exhime de su cumplimiento...

Tengo muchos amigos que rozan el gafapastismo, así que este post es algo así como un suicidio social. A ellos, y a mí mismo: no me estoy metiendo con vosotros, sino con aquellos que venden un rollo y luego son igual de ignorantes y pijos que la peña que va a Cánovas.
Aquí necesito poner un trocito de una letra de Belle and Sebastian, en cuyas filas militan chicos feúchos, chicas regordetas y afables, y fans de Blue Öyster Cult:
"I've been feeling down/ I've been looking round the town/ For somebody just like me/ But the only ones I see/ Are the dummies in the window/ They spend their money on clothes/ It saddens me to think/ That the only ones I see are mannequins/ Looking stupid, being used and being thin/ And I don't know why I hang around with them/ The way they act, I'd rather be fat than be confused" (Family Tree)

Espero vuestro odio en masa. Tal vez lo haya merecido.

Después de ver "La matanza de Texas"

Ahora tengo miedo de irme a la cama. Tengo miedo de salir al campo y hablar con los lugareños de mirada torva. Tengo miedo de los sonados que parecen no tener nada mejor que hacer que mirarme, que hablar de nada conmigo. Temo a la oscuridad y a los animalitos que me miran desde los márgenes de la carretera. Tengo miedo de las cucarachas en la cocina, de los mosquitos en el cuarto. Tengo miedo de la gente que está realmente chalada y que tiene curiosidad por cómo funcionan nuestros cuerpos por dentro. Miedo a todos esos tipos que parecen reírse de nada mientras nos miran, que parecen reírse del miedo, que nos muestran el dolor ajeno como una diversión. Miedo de aquellos que parecen fuertes como animales, aquellos que nos miran desde dos ojos vidriosos y vacíos como los de las vacas, y nos siguen con la mirada cuando nos vamos. De los ojos que notamos clavados en la espalda. De los que siguen fascinados con la morbidez y el dolor más allá de la más o menos normal fascinación adolescente. Tengo miedo de todos y de todo. Tengo miedo de quien no tiene miedo, de nuevo. Tengo miedo de que a alguien le guste realmente ver esta película, y pueda verla más de una vez. Y me consta que hay más de uno ahí fuera.

8.15.2005

Odio las arañas y las serpientes

El otro día puse la tele (craso error), y salía una chica de unos veinte años hablando con un hamster. Los dos iban en el bus camino a casa de la chica. Él, en una cajita transparente, daba saltitos de alegría entre serrín y trocitos de jamón de york. Ella le hablaba en voz bajita, pero ni él ni yo la entendíamos porque el micro no recogía sus palabras por encima del ruido del motor.

Llegamos a casa de ella, a su cuarto, lleno de posters de grupos super- heavies. Él, pequeñito y juguetón, se alegró de subir a la mano de ella a comer un trocito de jamón de york especialmente jugoso. Ella seguía hablándole en voz bajita. No la entendíamos, pero daba igual: pronto nos esperaba un banquete de pipas, lechuga y jamoncito dulce en trozos chiquitines.

Entonces lo oí: "Me da un poco de pena. Pero en fin, al menos su vida servirá para algo..." Y la cámara enfocó el terrario.

La naturaleza es sabia. Algunos animales muestran colores vistosos para que los demás sepamos que no nos conviene acercarnos.

En el terrario esperaba una serpiente roja y negra, retorciéndose alrededor de ramas secas. La cámara se aparta. Corte, y la chica, sola ahora, mira cámara, hablando (ahora sí la entiendo) de lo que va a hacer esa noche. Ha quedado con sus colegas para salir por ahí.

¿Cómo puede alguien querer a un bicho así? No lo entiendo. No me gustan las ratas, pero al menos son mamíferos. El hamster no se merecía eso. ¿Qué tipo de cariño recibe uno de estos animales?¿Lo puedes sacar a pasear?¿Se mete en tu cama porque tiene miedo de dormir solo?¿O estás tratando de decir algo sobre tí mismo al comprar uno de estos bichos? Lo siento, pero jamás entenderé que alguien elija vivir con algo así. No me creo que los quieran. Me repugnan. Los odio.

8.05.2005

Odio, odio, odio a Björk

No sé ni por dónde empezar...

Bueno, lo primero en lo que uno repara: aspecto. No tengo nada en contra de las personas bajitas y con cara de monja, siempre que no vayan de divas y se me vistan de cosas raras. A ver, en el vídeo de "Medusa", uno de sus últimos logros, la buena señora sale vestida con una especie de tejido de clóchinas virtuales. Y el otro día caí en la cuenta de qué está ocurriendo: ¡a la reina Amidala la viste el asesor de imagen de Björk! Y ahora sé por qué no me gusta la nueva trilogía...

El caso es que la chica que empezó llevando tiernos cardigans con estampados infantiles, vendiéndonos la burra de que hacía pop electrónico naïf, ahora va de sex- symbol marciano de las galaxias. Y va pregunta capciosa que despertará el odio por doquier: ¿se ha operado, ahora que ya ha llegado a los 40, y por eso ha pasado a mostrar más cacho en sus vídeos?¿eh?

Pero bueno, ya basta de meternos con su apariencia. Vamos a por Björk, el personaje. Debo confesar que ésta chica despertó mi curiosidad con su primer disco. Mi padre lo compró porque le sonaba a Enya (jejeje...), y yo, por más que lo escuchaba, no acababa de pillarle el puntillo, aunque me gustaban "violently happy" y "venus as a boy". Por eso, me parecía alguien a descubrir. Un buen día pasaron un documental sobre ella en el Canal 33, y ahí es donde me decidía odiarla... A ver, no sé si lo habréis visto, pero en él la moza se presenta a sí misma como algo parecido a un down genial, de quien fluye música celestial y pura. En un momento determinado, le hacen una pregunta sobre cómo compone sus canciones, y como única respuesta, ella se queda mirando fuera de cámara y musitando por lo bajini mientras se ríe: "Cuando llegue a casa, me haré la cenita: bacalao de Islandia, bien rico." ¡¡Lo juro!! A ver, si es que la chica es un poco "especial", pues que no nos la vendan como un genio de nuestros tiempos, por favor. Y que la dejen vivir en paz, en vez de venderla exponiendo sus carencias y diciendo que son virtudes. Y si resulta que es una persona en plena posesión de sus virtudes, entonces sí que me enfado: me jode que la gente imposte algo que no es , y menos que venda un producto fingiendo sufrir una discapacidad, sólo porque les da un rollito tierno y afable. Me parece moralmente reprobable.

Y la música, amiguitos y amiguitas, la música de esta criatura... A mí me suena todo a lo mismo: ritmos entrecortados copiaditos a los de DJ Shadow, que sí inventó cosas, y la voz de Björk haciéndose pajas encima, negándose a caer en melodía reconocible ninguna, subiendo y bajando de octava sin más... Si ya nadie aguanta solos de guitarra de cinco minutos, y todos los molones se ríen enseguida de los heavies con sus pajillerismos guitarrísticos, ¿por qué aguantamos esta muestra de incontinencia? ¿Es acaso más válido? Sí, la chica tiene una gran técnica vocal, pero creo que hay algo principal que aprender en música: el que sepas hacerlo no quiere decir que debas hacerlo, y algunas cosas son divertidas de tocar, pero no son divertidas de escuchar. Pero bueno... Además, hay algo que la peña no sabe por aquí, y es que en su pueblo, Björk es peor que Julio Iglesias: tiene discos con coros infantiles, big bands de jazz, y todo tipo de agrupaciones deseosas de alcanzar relevancia gracias a su persona. Y me imagino que los islandeses están hasta las narices de que les digan: "Ah, sí de ,Islandia,¡como Björk!"

Y hasta aquí llego la riada. ¡Nos seguimos viendo a la misma bati-hora en el mismo bati-canal!

8.02.2005

Odio la tecnología

Resulta que mi ordenador falleció hace una semana. Esto lo escribo desde un cibercafé, con el consecuente desembolso de dineros. En este tiempo he tenido mil ideas fantásticas. No lo suficiente para escribirlas en un papel y después volcarlas al ordenador, pero fantásticas al fin y al cabo... Y si mi ordenador no hubiera experimentado con sustancias ilegales, sin duda muchas de ellas estarían aquí. Tenía 23 emilios, y nunca antes me había considerado un tío popular (supongo que eso se lo tengo que agradecer)

Para más inri, he perdido el hilo del fantabuloso juego de Jedis y malotes espaciales al que estaba jugando. Bueno, ya sé que eso no tenía que ponerlo para seguir siendo cool, pero es la pura verdad.

Aunque tiene sus ventajas: he jugado más con mis gatas, he tocado más, he visto a mis amiguitos, he visto el sol... Y me he dado cuenta de lo chunguérrima que es esta vida de freak. Porque todos nos reímos de los freaks hasta que nos descubrimos en la piel de uno. Y no mola, ni es tan guay como la de los freaks de las revistas de tendencias, que en el fondo no son freaks, porque son aplaudidos por su condición, lo cual la anula de inmediato.

Y luego están los lugares comunes, como que si se te queda el móvil sin batería tiemblas, porque nadie podrá localizarte mientas cagas, y si se jode la tele la familia se da cuenta de que no tiene de qué hablar, y sin messenger no somos nada.

Así que propongo hacer el partido ludita de cibernautas. Supongo que quedaremos para planear nuestra revuelta por el messenger. La revolución no será televisada. La veremos por webcam.