9.30.2005

Odio la especulación inmobiliaria

Cuando los marcianos aterrizaron en medio de la ciudad a ritmo de PT-1, todo el mundo les preguntó qué consola anunciaban. ¡Pobrecitos, heridos en su orgullo y sin pistola positrónica!

Comparado con los bosques alquitranosos de su hogar, con sus árboles cuadrados, el sitio no estaba mal. El aire era puro y fresco. Los lugareños eran amables, y les habían traído presentes y fuegos artificiales. Tras una opípara cena de plomo y neutrones, los recién llegados volvieron a la nave a dormir un rato. Al día siguiente les esperaba mucho ajetreo. Y no habían venido en un viaje de placer.

Cuando empezaron a comprar terrenos en el centro de la ciudad, asombrados de que el cambio entre sus zorks de platino y los euros fuera tan bueno, las inmobiliarias no cabían en sí de asombro: ¡pagaban al contado, y no necesariamente en negro! Los marcianos pronto se vieron inundados de ofertas, y no rechazaron ninguna. Al poco, ya tenían casi todo el territorio virgen donde aterrizaron a su disposición. Llamaron a su empresa, satisfechos de lo que habían conseguido.

Al poco, la ciudad entera estaba llena de gente con tentáculos diciendo “ooh”, “aah” y “zoinks”, tallando sus nombres en los rascacielos y echándose a dormir en los parkings. Aquello era el paraíso marcianal, una nueva tierra virgen.

Los primeros en quitar los árboles cuadrados de sus terrenos fueron mirados con envidia por sus familiares. Construyeron bonitos robles y bananos, con las últimas comodidades y vistas a los bosques cuadrados. Cada vez se veían menos lugareños.

Y pasó lo que tenía que pasar: al cabo de unos añitos, todos los bosques hormigoneros habían desaparecido: sólo se veían complejos de sequoias y arces. Las cuatro campañas de conservación de la vida local fracasaron estrepitosamente, y las reservas naturales se ahogaban rodeadas de polen de pino. Daba pena. Los ecologistas se manifestaban a diarios.

Cuando los bípedos locales se extinguieron oficialmente, y ya todo el planeta era terriblemente verde, ya nadie quería venir a la Tierra. Sólo los viejos pensionistas venían a estas aglomeraciones de árboles a pasar sus últimos años. Construían carísimos campos de flog, con enormes extensiones de cemento artificial.

Pero la Tierra ya no era un lugar agradable. Verde y explotado al máximo, daba mucha pena ver lo que había cambiado en unos pocos años. Las propiedades bajaron tanto de precio, que la escasa colonia marciana que quedaba allí decidieron que era preferible dejar sus propiedades a malvenderlas.

Y se fueron todos de aquél lugar inhóspito y verde.

9.29.2005

Odio las recetas

Últimamente, hasta hacer historias tiene su teoría: se juntan una serie de elementos y ¡tachán!, tenemos una historia que molará a todo el mundo. Claro, así tenemos toda la producción de Hollywood de los últimos ¿30?¿40? años. Leí hace tiempo un par de libros sobre la estructura del guión, y la cosa era deprimente. Te contaban cómo hacer un planteamiento, nudo y desenlace, en qué partes desglosarlo todo, qué personajes meter, cuándo engañar al público con pistas falsas, y cuánto había que hacerle esperar para que el chico de la película matara a la chica y se casara con el caballo (¿o no era así?)

El caso, que muchas de las pelis que vemos últimamente están hechas con libro de recetas, y son el producto de gente que escribe una media de dos guiones por semana (esto no me lo invento yo: salía en uno de los libros…) A partir de un análisis exhaustivo de leyendas, sagas, mitos y cuentos de hadas, los guionistas han destilado el arte de la narración en botecitos muy pequeños. Y cuidado, que cuando digo guionistas, bien podría hablar de escritores de best- sellers (los pocos que queden que no tengan un equipo de currantes detrás).

Receta para una película: Héroe, Partenaire femenina, Secundario humorístico, Oponente, Obstáculos, Subtramas (2 o 3, al gusto), breve Trasfondo del héroe.

- Elija un héroe. Añádale compañeros.

- Elija un villano. Déle poderes que parezcan mayores de los del héroe.

- (Casi se me olvida) Haga que el héroe busque algo con que derrotar al villano.

- Déjele dar un par de patadas para encontrarlo. En este momento, puede matar al secundario cómico: no nos hará falta en la batalla final y posterior desenlace.

- Un par de saltos/hostias/insultos/pulsos/combates de karate/partidos de baloncesto/pruebas de acceso a la academia de baile moderno, besito a la (o el, seamos modernos) partenaire, y final. ¡Arreglaíto!

Receta para un best- seller: Siga los mismos pasos, pero añádales muchas descripciones de paisajes (facilitas, metáforas las justas), un par de escenitas de amor (aquí sí valen metáforas, que si no es un libro marrano, y eso no es cultura: “bastón del amor”, “seno ardiente”, “alcanzar la lluvia y las estrellas” molan: “teta”, “culo” y “picha”, no) , filosofía del cafelito, muchas páginas, cubiertas (primero en rústica, que viste más: luego en bolsillo, que es más barato), y a correr.

El último día

Cuando los medios de comunicación dieron la noticia, poca gente la cuestionó. La comunidad científica confirmaba que sólo quedaba un día para el fin del mundo.

El último día, algunos salieron a la calle a robar los coches que siempre quisieron tener. Algunos amantes se cogieron de las manos, mirándose a los ojos. Otros se gritaron lo que llevaban callado durante años. Otros se pusieron a follar en medio de la calle, en los bancos de parques públicos. Los niños los miraban y reían ruidosamente. Los viejos rompían cristales.

La población de Estados Unidos quedó diezmada en minutos: todos usaron sus pistolas y rifles. Las líneas de teléfono se colapsaron. Los presentadores de televisión se negaron a perder el tiempo anunciando el final de nuevo, y salieron a la calle a bailar desnudos. Algunos curas dejaron sus iglesias para predicar el arrepentimiento. Otros pidieron perdón a sus monaguillos.

Algunas madres se despidieron de sus hijos con besos. Otras los apartaron de sí con lágrimas en los ojos. Hubo quien se quedó en casa para ver su serie favorita, y se enfadó mucho al ver que la tele no funcionaba. Los notarios se negaron a firmar más testamentos. Las compañías aseguradores vendieron todas sus acciones a precio de ganga. El dólar cayó en picado, y el petróleo estaba a precio de chiste. Si alguien hubiera podido llenar el depósito de gasolina (porque no había nadie en las gasolineras), lo habría hecho por un euro.

Una comuna hippy de Ibiza ocupó una discoteca de moda y sembró el pánico entre los presentes. Bob Dylan tiró su guitarra por la ventana.

Cuando tres horas después un astrofísico descubrió un error de cálculo causado por un virus que le había llegado en un correo porno, era un poco tarde para dar la noticia. Al día siguiente, los pocos que quedaban en la calle, borrachos y semidesnudos, se miraron confusos. ¿Y ahora qué?

9.27.2005

Después de ver Tapas

Algunas pelis te pegan por debajo del cinturón, porque no te las ves venir. Ésta es una. Sin ser una peli magistral, este homenaje a "Haz lo que debas" es un retrato de la vida de barrio de aquí. Con los bacalas, las cajeras, la señora mayor que hace cosas raras y los perros sin collar.

A mí estas pelis me suelen tocar la fibra porque me hacen ver que hay belleza en los sitios donde menos la esperas. Que hay historias esperando ser contadas, pero que nunca se contarán. Y que los personajes que vemos cada día tienen más fondo que el maquineto y la abuela que se te cuela en el súper.

Otra que hay que ver, y esa sí que es muy buena, es "Los lobos de Washington", con un Javier Bardem que me hace saltar lagrimones con un personaje cazurro y borrego como el de "Huevos de oro", pero con 20 años más.

Bueno, muy poco odio en este post. Sólo una invitación a ver las cosas pequeñas que pasan sin que las veamos, como dice Pab en su blog sobre la basurilla.

9.26.2005

¿Qué es un odiolito?


De pequeñito, Litos tuvo un problema de salud. Le dolía la pancha, y le salieron legañas verdes en las orejas. Además, decía la hostia de tacos.

Los papis de Litos, preocupadísimos, lo llevaron al Dr. Pereira, reputado gerontólogo y pediatra mediocre, que analizó las pequeñas partículas. La verdad pronto salió a la luz.

Resulta que el estómago del pequeño generaba tanta bilis, que ésta cristalizaba y cobraba vida, convirtiéndose en microorganismos verdosos, con dientes grandes y feos, que soltaban muchos tacos y hablaban a gritos todo el rato. Tenía tanta bilis que le salía por las orejas

Ante semejante descubrimiento, Pereira decidió participar en conferencias internacionales de pediatría a las que nadie le había invitado, a fin de exponer este caso único. Ante la necesidad de poner un nombre a los bichos, el doctor decidió acuñar el término manolitos (de manía- pues eso, manía, y litos- piedrecicas).

Tras su primera conferencia, en la que todos sus colegas se descojonaron a su costa, y tras revisar cierta tira de comic que algunos de sus colegas mencionaron, Pereira (que de imaginación iba peor que de pediatría) optó por odiolito (de... bah, paso). Así, odiolito es el término empleado por la comunidad científica cuando quieren tomarle el pelo al pobre Pereira en los recreos del laboratorio.

Hoy, Litos es un adulto medianamente funcional, gracias a una rutina de higiene odiolítica diaria (algún día se la salta, y entonces dice más tacos de los habituales...). También ayuda que ya no va al mismo pediatra (aunque esto es porque Pereira dejó de regalarle piruletas el año pasado)

9.25.2005

Odio la Facultad de Bellas Artes

Y tengo buenos motivos, porque me pasé en ella un huevo de años.

La gente que entra en Bellas Artes sufre una mutación curiosa conforme va pasando de curso. Mutación fácilmente observable en su vestimenta.

El pardillín de primero no tiene ni idea de quién es Beuys o Bacon. Sólo quiere dibujar cómics, o pintar cuadros como Van Gogh, Dalí o Warhol. De hecho, la teoría es que ese trío (aliñado con Picasso en algunos casos) es el responsable de la mayor cantidad de artistas de pacotilla que salen de la escuela. Van vestidos de la tribu urbana de su elección, pero siempre de un modo moderado. Andan muy orgullosos con sus primeros bastidores, blocs de esbozo, carboncillos, óleos, barro para modelar... De todo. Y se indignan mucho cuando sus colegas les dicen que BBAA no es una carrera de verdad.

Al llegar a segundo, la gente ya empieza a pensar que tiene un DON especial, y se viste de acuerdo: siguen siendo gótico- siniestros, hardcoretos o mangakas, pero cada vez de manera más extrema y clasificable. Este atuendo les sirve para desmarcarse de la masa ignorante, y para marcarse más como estudiantes de Bellas artes prototípicos. La mayoría han descubierto ya que la vidilla de la que todos hablan está en el bar y no en las clases, y acuden en masa a dejarse ver con sus mejores atuendos. La bata manchada y customizada con frases ingeniosas es indispensable en esta etapa.

En tercero, todos son ya artistas de la hostia. Muchos no han aprobado aún Dibujo Básico, pero no le hace falta, porque ya saben algo de historia del arte, y pueden contarles a los poco enterados que el arte es expresión, y no técnica, y que se cagan en la técnica académica que les impone la facultad. Supongo que a algunos les sirve para que sus papis les sigan pagando la carrera, aun con cuatro asignaturas (de ocho) pendientes. Empiezan las rarezas en cuanto a vestimenta: uno ya no es gótico, si no Mister Darko, y acude a la facultad con capa negra y sombrero de copa. Ya no es ravero: ahora lleva un tatuaje en la calva y pantalones de vinilo. Y claro, no se van a manchar el disfraz yendo a clase, así que el ver y dejarse ver en el bar se ha convertido en actividad principal. Ahora gritan como cosacos, y sus actitudes sociales son las de una estrella del Rock. Molan. Mazo.

Cuarto y quinto son la consagración del bello artista: ya da igual que no tengan ni puta idea de lo que se ha hecho antes, o de lo que va lo que se hace ahora. Porque llega el momento de llevar a cabo proyectos artísticos de la hostia puta. Temáticas tan rompedoras como la relación interior-exterior, la memoria perdida, la muerte y la dependencia en las relaciones sentimentales (es decir, de lo que va yendo el arte desde los 60) son las favoritas, y la gente ya ni se plantea pintar o dibujar (total, para lo mal que les salía…). Ahora lo que triunfa es el video arte y la performance, donde puedes demostrar lo bueno/a que estás, desnudarte y decir incongruencias, a la espera del aplauso general y el horror burgués de tus papis, que siguen pagando todo el material para ello.

Y cuando acaba la carrera, se da la última y más divertida modificación en el aspecto del artista: se convierten en peña normal que busca trabajo, y por tanto no pueden ir disfrazados de cosas raras. O gente que ya es TAN especial que se hace su propia ropa y se corta el pelo en casa, con el resultado de que su único arte está en sus pintas, y ellos mismos son su arte. Nadie sabe qué hacen en la vida, pero se ve que son artistas, y eso es lo que cuenta…

Mucha gente cita filósofos y poetas que no ha leído en su puta vida, pero a los que mola citar (dile Baudelaire, Proust o Kafka a un bello artista, y prepárate a flipar...) Algunos no saben hacer la O con un canuto. Otros se ganan la vida como pueden en cosas vagamente relacionadas con el mundillo...

Y otros se cagan en todo y escriben un blog. Siento que esto haya sido tan largo, pero mi arte no cabe en un solo scroll.

9.22.2005

Odio los (per) seguidores

Tal vez no uséis la misma palabra que yo para denominarlos. Otra que se me ocurre es "fan fatale". Pero seguro que habéis conocido (y posiblemente padecido en propias carnes) a un par.

Hay gente que al poco de conocerla se enquista en tu vida como una lapa. Gente a la que has conocido por cualquier cosa, y que, no sabes por qué demonios, se encariñan de ti, y te tiene por el gurú de lo que sea que tengáis en común.

Es la típica persona que te llama para preguntarte qué tal estás, o sólo para charlar, a los dos días de conocerte. Supongo que no tienen nada que les llene la vida, y cuando le encuentran a uno, absorben su manera de pensar, de hablar y de comer los spaghetti. La gente por la que te alegrarías de perder el móvil y mudarte al Congo.

No sé por qué, las dos o tres personas que he conocido de este tipo tenían problemillas con las drogas (bueno, uno tenía DOS problemas). Gente retraída, sensible e inquieta… Es decir, la gente que normalmente a uno le cae bien, pero que sencillamente ha delegado la responsabilidad de su vida en alguien. A veces ése alguien eres tú.

La vez más salvaje fue la de un chico con el que toqué. El chaval hacía cosas muy raras, como quedarse a dormir en el local de ensayo (en realidad se quedaba allí haciéndose coca solo), llamarte para preguntar cuándo tocaba ensayar doce veces en un par de días (lo juro…), y, en el caso más bestia, decidir que se quedaba a dormir en mi casa sin que yo supiera nada al respecto… Lo más grande de todo el asunto es que perdí la llave de casa, y me animó a llamar a una amiga mía (5 de la mañana) con la que habíamos hablado como a las 12, y que decidió no salir esa noche, para quedarnos a dormir en su casa. La pobre aceptó, y el muchacho nos tuvo como dos horas echándonos rollos sobre Pink Floyd. (7 de la mañana… ¡arg!).

Cuando lo tiramos del grupo (porque según decía, unos tipos querían rompernos los brazos a nosotros por una deuda que él tenía), casi lloró. Y casi lloro yo, porque te das cuenta de que le estás haciendo una putada al chaval. Pero claro, mis brazos son míos… y esto fue después de que 50 talegos de un concierto “volaran”.

Pero no acabó ahí la cosa: estuvo siguiéndome por la facultad, vino a recogerme un par de veces (al Politécnico de Valencia, en medio de la nada, a las 10 de la noche), y me lo encontraba en todos lados. De repente llevaba mi mismo corte de pelo y camisas como las mías.

Miedo es lo que tenía a estas alturas. Al final le dije que me dejara en paz, porque estaba dándome malos rollos. No lo entendió, pero al menos dejó de seguirme.

No es que yo vaya de estrellita por la vida ni nada parecido, pero es que hay gente por ahí que te absorbe la vida para suplir la suya, seas quien seas, y encima te responsabiliza de sus desgracias. Y a mí me da miedito. Ése es el tipo de gente que mató a John Lennon.

9.21.2005

Odio los videojuegos

Cuando tenía seis años, mis padres compraron un ordenador. Era un cacharrito con teclas de goma que conectabas a la tele. Venía con juegos de un par de palos pegándole a una pelota, un astronauta cogiendo trozos de nave y un coche de carreras. Esa tarde la flipé. Y empezó la historia de una adicción de años.

Las iras de mi adolescencia las pagaron zombies y marcianos, coches desguazados y lagartijas gigantes. En la penumbra del Cuarto del Ordenador, legiones cayeron a mis pies, salvé mundos remotos, y fui aclamado como emperador, cuando no como dios.

La putada llegaba siempre cuando abandonaba el Cuarto del Ordenador (mi Fábrica de avispas particular: lean el libro de Iain Banks). Entonces volvía a tener granos, a andar encorvado, y los deberes seguían esperándome. Era demasiado duro para un señor de la guerra caer en la rutina de ir al instituto. Y nadie se iba a dar cuenta de lo que había conseguido en mi otro mundo.

Claro, lo que pasa es que los juegos están hechos para que ganes, te sientas de puta madre contigo mismo, y vuelvas. Para hacerte creer que eres la monda de tío, y quieras seguir siéndolo. Eso no puede pasar fuera de la pantalla...

¿Qué habría pasado si no existieran los juegos de ordenador? Posiblemente yo sería astrofísico, o jugador de petanca olímpico, o pintor afamado. Pero no. Desde las nieblas de mi infancia ha habido un cacharrito que tiraba luces al ritmo que mis dedos marcaban.

Otro tema a considerar es la serie de topicazos que plagan los juegos. Las chicas son monas monísimas, débiles y aniñadas, o zorrones con pistolas. El feliz punto medio no se da. Los malos son siempre malos a extinguir. Y digo extinguir, aniquilar, machacar, borrar del recuerdo. Toda una apuesta por el diálogo entre culturas. No me voy a poner a sermonear a nadie sobre "hay demasiada violencia en los juegos de ordenador", porque ésa es una discusión tonta, y yo soy el primero que me quedo a gusto después de cepillarme un par de malotes, pero las subtramas de todos los juegos son cuando menos, maniqueas y un poco peliagudas.

Hace un par de semanas decidí desterrar los juegos de mi ordenador. Desde entonces he hecho unos 10 posts aquí, he pintado el comedor de mi casa, he escrito tres o cuatro canciones, he nadado, e incluso he visto gente.

"Hola, me llamo Litos, y fui adicto a los juegos de ordenador..."

9.18.2005

Odio las orquestas verbeneras

No falla: en todos los pueblos hay fiestas, y el pueblo que no tiene una virgen que homenajear tiene dos Y un patrón. Con motivo de estas celebraciones religiosas, los lugareños se reunen para putear bóvidos varios, ponerse moraos mientras fingen hacer paellas, y montar una verbena.

Dentro del universo verbenero, hay varias opciones. Tenemos disco- moviles (o sea, un tipo con un ordenador, muchos mp3's casposos, luces horteras y un equipo de sonido monstruoso) y las orquestas, que parecen tener más caché (claro, en vez de un muerto de hambre tienes 6 o 7 a los que pagar...). En algunos pueblos hay bingo, ilusionistas (que si te pones, pues tiene gracia...) e incluso strip- tease masculino- femenino (evidentemente predomina el segundo).

Las orquestas llegan al pueblo en cuestión con una flota de furgonetas y camiones que nunca ha conocido la ITV, pero sí muchos abriles. Unos cuantos machacas (entre ellos los músicos, avergonzados por no verse respetados en su condición de artistas) montan un escenario invariablemente plagado de telones mostosos, focos fundidos y hierros sueltos, pero sobre todo, mucha mierda. Mierda del año que quieras. Si alguien se meó en uno de los telones hace un año, posiblemente no lo puedas oler ya, porque alguien habrá tirado cerveza encima 20 veces. Y en algún sitio aparecerá el logotipo (por llamarlo de alguna manera) de la orquesta en cuestión. Porque la intención es que parezca que algo gordo va a pasar. Algo muy gordo.

Entonces llega el momento de probar el sonido. Y, dato curioso: siempre hay un momento en el que, independientemente de la formación, se prueba la percusión latina. "Percusión latina" es, en argot orquestil, los playbacks. Pero queda feo decir playback. Y claro, nadie se da cuenta... Nadie.

La mayoría de técnicos de sonido en orquestas son los dueños del cotarro: gente que nunca fue nada, pero que ahora ha dejado de ser lo que quiera que fueran (todos, todos, todos han conocido a Nino Bravo y a Bruno Lomas. Ninguno de todos ellos tiene una foto con esos colegas). Como se han pasado toda la vida al lado de bafles chungos y mal sonorizados, la mitad de ellos están sordos. Ergo, la mezcla de los instrumentos la hace un tipo que está sordo.

Luego, el personal de la orquesta. No hace falta que los músicos sean buenos, siempre que sepan hacer playback. Y que tengan una camisa blanca que ponerse si el jefe de la orquesta decide revivir sus años mozos y subir a cantar algún corrido o similares. Los cantantes lo cantan todo con la "m": fijaos cuando veáis a una de esas personas que fardan un montón de cantar bien, pero que todo lo que hace es cantar muy alto y con voz de gilipollas. Para poder afinar sus berridos, empiezan todas las palabras con un tarareo, à la Bisbal. Eso es lo que hace un cantante de orquesta siempre (cuando habla también)

Las cantantes (porque suele haber igual proporción de cantantes y cantantas) siempre han de ir super monas, con mini y tacones. No hace falta que canten muy bien, porque las ponen para lucir palmito. Una configuración habitual de cantantes orquesteras es: la guapa y la que sabe cantar. Algo que toda cantante de orquesta debe tener es una paciencia y unas tragaderas infinitas, porque todos los mongolos de todos los pueblos que visiten les dirán mil y una borregadas. ¡Viva la liberación de la mujer!

El repertorio es mucho peor que oír M80 todo el día, porque se compone a partes iguales de canciones rancias (base programada para que el viejo se luzca), éxitos infantiles (los niños suben a bailar sobre las bases programadas), canciones del verano presente y pasado (igual algún músico ya ha empezado a tocar...), y muy al final, lo más petardo del rock patrio porrero y seudo- heavy. Esta última parte es en la que los músicos se desmelenan (¡uy!), porque la mayoría son heavies caídos en desgracia que ya se han cortado el pelo.

Y ahora, una última consideración. Si os fijáis, salvo el carcamal que maneja el cotarro, ningún orquestero pasa de los 30. Y la mayoría viven con sus padres. ¿Por qué? Porque no les pagan. Y como todo lo hacen en negro, pues se joden. Y además, los que aguantan acaban matándose en el coche de vuelta de algún bolo o yonquis perdidos (porque casi se me olvida que en el mundo de la orquesta, la farlopa fluye como agua: claro, teniendo que tocar 6 horas y conducir otras tantas, necesitan ése poquito que les falta...)

Y claro, lo debéis haber adivinado: a mí me tomaron el pelo para que trabajara en una orquesta. Y cuando los mandé a la mierda, ya me debían un pastón. Y un compañero se metió a la obra en negro porque cobraba el doble, y además le pagaban.

Así que si la orquesta óxido va a vuestro pueblo o barrio, comprad tomates maduros...

9.17.2005

Odio los taxistas totalitarios

Cada vez que cojo un taxi, cruzo los dedos y miro al cielo. Porque nunca sabes qué tipo de taxista te vas a encontrar. He viajado con taxistas que me ofrecían coca, que decían que la voz del GPS les ponía cachondos (y me dijo más cosas, pero daban demasiado asco..), que malhablaban de los inmigrantes, que se negaban a que entrara con una de mis gatas en su jaulita para ir al veterinario, que me han insultado directamente por no usar el amletero para mi mochila con tres libros, que han murmurado su desprecio a gritos, que conducían como locos y me han hehco temer por mi vida...

¿Por qué algunos taxistas tienen la manía de aleccionarnos cada vez que subimos a su vehículo?¿Por qué no se dan cuenta de que no es SU coche, sino NUESTRO servicio?¿Dónde quedó lo de que el cliente siempre tiene la razón, lo de respetarlo aunque sea? Éste es el tipo de cosas que me dan ganas de comprarme un coche.

Y ojo, antes de que nadie me diga "pues mi tío es taxista y...". Estoy hablando de los que están como una puta cabra, que son algunos. Y de los que llevan cresta y gafas de pera.

9.16.2005

Miedo y asco en la ciudad de las naranjas II

El día que la tía de Luis murió, él estaba jugando al ordenador. Su madre entró en el cuarto y se lo anunció sin aspavientos: todos estaban esperándoselo desde que la internaron en el hospital, dos meses antes. A Luis le quedaban tres vidas, pero le habían matado ya una mientras hablaba con su madre. Aprovechó las dos restantes para cargarse al malo gordo y llegar a la fase 4. Luego cambió de juego.

En el mortuorio del hospital olía igual que en el resto del edificio. Un olor indefinido, como el que uno nota cuando está constipado, a fiebre y desinfectante. Sus padres le dijeron que era mejor que no la viera así. Luis supuso que daba igual, porque ya la había visto mientras agonizaba: apenas una bolsita de piel frágil y triste, incapaz de hablar, los ojos ciegos clavados en la nada. Supuso que no sería peor verla muerta que muriendo, y entró.

Solo en el cubículo, Luis se aupó al borde del féretro, y miró a su tía. No era ella. Le habían hecho algo, la habían cambiado, no olía a ella, el gesto no era suyo. Habían maquillado su muerte como no maquillaron su agonía. No era tan terrible.

Metieron a su tía en un nicho, a tres alturas del suelo. En la piedra que lo tapaba, una foto vieja de ella. Estaba joven, como él nunca la había visto. Tampoco era ella.

Meses después, Luis creyó verla andando por la calle. Creyó verla varias veces, haciendo la compra, doblada por el peso de mil bolsas, subida en el autobús. Pero su casa olía a cerrado, y nunca volvieron a comer allí. Ni un solo sábado. Los domingos tampoco.

Al final, Luis se dio cuenta de lo que había pasado. Y se lamentó de no haberse despedido de ella. Pero ¿se habría enterado ella, desde el ataúd, de que lamentaba que hubiera muerto?¿De que ojalá pudiera haber hablado con ella antes?¿De que le hubiera gustado cantar en su cama del hospital pero le dio vergüenza y no sabía qué cantar? Probablemente no. Y eso quería decir la muerte.

9.14.2005

Odio el rollito comprometido de chiste

Tengo una pregunta capciosa. ¿Cuánta pasta gana un director de cine comprometido?¿Contrata a peña en prácticas para desgravar a Hacienda?. Vale, eran dos, pero todo esto viene al aluvión de pelis infumables que nos hacen comulgar con ruedas de molino sólo porque abordan temas sociales.

Parece que para ser un director serio, formal, considerado, y, en definitiva, molón, hay que hacer cine social. Y a mí me parece genial, siempre que el resultado sea válido. Porque hay mucho listo por ahí que se dedica a predicar a los conversos con pelis de desarrollo ridículo, y a recibir el premio por decirles lo que quieren oír.

Me vienen a la cabeza ahora mismo "Yo puta" (porno bananero disfrazado de documental atrevido), "El otro barrio" (un chaval de Vallecas mata a tres personas con una lata de berberechos) y, aunque de oídas, "Princesas"(chica bien que se mete a puta para ponerse tetas). Si tratamos un problema social a través de la anécdota simplista y personajes y situaciones planos, no estamos sino descubriendo la rueda. ¿Cine para pensar? CIne para pensar que eres un tío comprometido sin mover una neurona.

Y ojo, que me parece que sé de dónde viene todo el asunto: en estos últimos años hemos visto una serie de cintas impresionantes, como "Te doy mis ojos" "La pelota vasca" y "Mar adentro". en las que se tratan temas controvertidos desde múltiples enfoques, con inteligencia y sensibilidad. Esas pelis han recibido buenas críticas, premios y éxito comercial. Y de repente, todos los estudios quieren hacer cintas comprometidas. Y todos los directores quieren ser cronistas de su tiempo, a ver si cae algún goya.

Pero claro, a ver quién tiene la inteligencia y las agallas de decir que un maltratador es un enfermo que necesita tratamiento, o que ETA empezó siendo una agrupación cultural de lo más respetable hasta que una panda de sonados tomaron las riendas. Pero las pelis para pensar son aquellas que hacen eso, calentarnos los cascos, presentarnos situaciones incómodas que nos obligan a plantearnos las cosas de otro modo. Y no las que nos dan un masajito y nos dicen que somos muy buena gente por verlas y acordarnos de la gente que las pasa putas.

Y me pregunto si el artista comprometido no está explotando la desgracia ajena. Desde luego, si la trata de manera banal y absurda, sí.

Espero vuestras pedradas.

9.11.2005

Odio la playa

Empecemos porque soy un muy tiquismiquis: no me gusta mancharme ni tener las manos sucias (vamos, que nací para rico pero me quedé ahí). Aparte, mi piel tiene un tonillo rosado- lechoso que da mucha pena y hace que la gente que no me conoce me hable siempre muy despacio y muy alto ("¿TU EN- TIEN-DES ES-PA- ÑOL?")

Claro, si no te gusta ensuciarte porque eres un finolis, y eres el extra ideal para un anuncio de cremas solares, la genética dice que te apartes de las playas... Pero mi agitada vida social me empuja en ocasiones a estos recintos llenos de croquetas humanas.

Si me dejaran elegir, todas las playas del mundo serían de piedras. Son más incómodas, pero te quedas limpito como un señor. Porque ninguna toalla es lo bastante grande para tumbarte en ella sin llenarte de arena hasta las cejas.

Cualquiera que haya visitado la playa que adorna la ciudad de las naranjas habrá compartido mi impresión de que si entraba en el agua no volvería a salir, o que saldría embarazado (si, embarazadO). Manchas negras, trozos demasiado calientes cerca de niños, condones jugando a ser medusas... Vamos, el turista debe quedar gratamente impresionado después de pagar un dineral por llegar. Pero el dinero que le ha costado llegar aquí no le va a doler comparado con lo que le va a costar comer en un chiringuito costroso...

Y yo no quiero ser snob, pero en la playa hay demasiada gente. Y demasiada gente de la que, en tu pequeña burbujita, creías que no existía. Hay niños llorones, pesados, jugando con pelotas que siempre le dan a uno, meando en tu toalla... Hay señores y señoras que pierden el pudor por completo, y que te dejan ver más de lo que quisieras. Y para las chicas, el especial playero: ¡el moscón chuloputas! Los hay más y menos pesaos, pero todos siguen la lógica de un primate en celo: huyen de cualquier macho de la manada de las hembras que se acerque. De hecho, me gustaría sugerir a los señores que hacen los documentales de la 2 que hagan un estudio del delicado entramado social de machos alfa y beta en las playas españolas, que seguro que sale algo con lo que valga la pena dormir. Cuando pienso en este tipo de cosas, me alegro de ser chico.

Con todo, debo reconocer que el descubrimiento de las sillas de playa, las cremas de factor australiano en spray y las sombrillas de doble capa me están descubriendo los placeres de la playa (léase: vegetar, dormir y leer, siendo al mismo tiempo funcional socialmente), y me imagino que habrá playas mejores que las que he visto. Por eso, si alguien quiere cambiar "odio" por "les tengo algo de manía", es libre de hacerlo.

9.08.2005

odio los foros

El otro día entré en un foro de música, y me topé con uno de los mayores males del mundo fórico: los mongoles que ponen mensajes que no vienen a cuento, especialmente borregadas de tipo: "muerte a los lapones" o "busco guitarrista para grupo de señores calvos malcarados" (me niego a reproducir siquiera los títulos originales, pero es fácil imaginarlos)

Y claro, de repente lo que era una apacible conversación sobre el sexo de los ángeles (otra de las especialidades del forismo) se convierte en una batalla campal. He llegado a ver gente dejando su dirección de e-mail para quedar y pegarse...

Lo que ocurre aquí es que, si el papel es sufrido, la pantalla más. Y uno permanece anónimo en todo momento. No tiene por qué razonar sus argumentos, y no necesita defenderlos, porque con cerrar la pantallita acalla lo que le viene en gana. Y puede uno insultar sin miedo a la respuesta, porque ésta es siempre en diferido.

A mi en la facultad me vendieron que Internet significaba la democratización de la información. Pero ante este tipo de cosas, me pregunto si no ha democratizado también la prepotencia.

9.06.2005

Odio separar la basura para nada

Aquí en Valencia, yo he visto los camiones de la basura normal, los del papel, e incluso (¡maravilla!) uno recogiendo vidrio. Pero ¿quién puñetas sabe qué pinta tiene un camión de los especializados en recoger el plástico?¿eh?¿y por qué tienen la misma forma que los contenedores normales?

9.04.2005

El mito

Un día, una mosca se coló en el metro de Londres. Como todos sabéis, la vida de una mosca es harto breve. En el día de que disponía para cumplir sus objetivos vitales, la mosca no hizo sino darse golpes contra los neones del techo, y posarse en la nariz del conductor. También tuvo unas cuantas hijitas mosca, a las que no llegó a ver crecer. Esta venerable mosca murió en el nuevo mundo a las tres horas de entrar en él.

La prole de esta mosca primigenia, que oyó de su cavidad bucal que existía un mundo exterior, vivió durante generaciones en la esperanza de que algún tren las llevara allá. Para estas moscas no había día ni noche: dejaron de creer en los tubos fluorescentes y las bombillas, y en cambio pasaban sus vidas asomadas a las ventanillas del Vagón. Al cabo de muchos días, las moscas del Metro cambiaron, descreídas y ajenas al mundo de la luz. Comían trozos de gominolas y bebían de refrescos abandonados. Olvidaron la caca de perro y el agua clara de los charcos. Engordaron y se acomodaron, sin la necesidad de huir de sapos y arañas. Apareció la obesidad entre ellas, y diezmó su población con ataques al corazón y colesteroles altos.

Sólo unas pocas seguían soñando con el Éxodo mosquil, y andaban de un vagón a otro, raza intrépida de moscas sin hogar. Cuando al fin un pequeño grupo de ellas alcanzó la superficie, cientos de generaciones después de la entrada de la Mosca primigenia en el submundo, un revisor aburrido las mató con un spray.

Odio los lavabos públicos

Cuando uno entra en un baño público, lo primero que hace es bajar la vista, y no mirar a la gente que le rodea. Pero siempre te da la sensación de que alguno de tus compañeros de micción te mira. Y compara tallas, o sencillamente se divierte incomodando al personal. Por eso prefiero entrar en los cubículos con taza, que siempre le dan a uno cierta intimidad. Aunque recomiendo llevar un rollo de papel proipo, por si las moscas (que las habrá)

Alguna vez me he preguntado exactamente quién hace las pintadas guarras en los lavabos: todos esos órganos reproductores mirándote mientras meas... Y quién es el que deja su teléfono con mensajitos sugerentes. Y si hay alguien que les llame. Y si realmente la gente se cita en tan olorosos lugares, y luego hablan del tiempo, o de fútbol.
Parece que alguna gente habita los lavabos públicos. Gente que parece dispuesta a desollarte por un cigarro, o porque les has mirado mal (para una experiencia completa de este tipo, recomiendo los lavabos de la estación de autobuses de Valencia: ¡el túnel del horror en 6 metros cuadrados!) Notas sus ojos en tu cogote mientras meas, mientras te lavas las manos. Siempre pienso que se van a reír de mí por lavarme las manos, o por no saber usar bien el secador de manos.
Porque a ver, ¿quién sabe usar el secamanos de un lavabo público? Yo no. Hay que colocar las manos en ángulos imposibles, hacer moviemientos misteriosos para que se activen, y luego repetir el ritual varias veces para conseguir unas manos sequitas.
Durante mi larga ausencia del mundo blóguico, fui a Inglaterra, y pensé: "seguro que allí, como hay que pagar para entrar, todo es más normal y halagüeño" Craso error. Las pililas gigantes dibujadas con bic azul seguían presentes, la peña sigue interesada en el flujo de tus aguas menores, y secarse las manos es una odisea. Y encima pagas.
Me pregunto cómo serán las cosas en EEUU, donde según mi culturilla cinematográfica siempre hay alguien allí sentado, esperando, por si te hace falta algo. En las pelis suelen ser ciegos, y les das una propina al salir. ¿Qué responde esa gente cuando llegan a casa y les preguntan qué tal fue en el trabajo? ¿Qué escriben en sus diarios? Tal vez la primera idea para "Taxi driver" fuera "Water closet keeper", pero la desestimaron porque sería demasiado dura...