9.11.2005

Odio la playa

Empecemos porque soy un muy tiquismiquis: no me gusta mancharme ni tener las manos sucias (vamos, que nací para rico pero me quedé ahí). Aparte, mi piel tiene un tonillo rosado- lechoso que da mucha pena y hace que la gente que no me conoce me hable siempre muy despacio y muy alto ("¿TU EN- TIEN-DES ES-PA- ÑOL?")

Claro, si no te gusta ensuciarte porque eres un finolis, y eres el extra ideal para un anuncio de cremas solares, la genética dice que te apartes de las playas... Pero mi agitada vida social me empuja en ocasiones a estos recintos llenos de croquetas humanas.

Si me dejaran elegir, todas las playas del mundo serían de piedras. Son más incómodas, pero te quedas limpito como un señor. Porque ninguna toalla es lo bastante grande para tumbarte en ella sin llenarte de arena hasta las cejas.

Cualquiera que haya visitado la playa que adorna la ciudad de las naranjas habrá compartido mi impresión de que si entraba en el agua no volvería a salir, o que saldría embarazado (si, embarazadO). Manchas negras, trozos demasiado calientes cerca de niños, condones jugando a ser medusas... Vamos, el turista debe quedar gratamente impresionado después de pagar un dineral por llegar. Pero el dinero que le ha costado llegar aquí no le va a doler comparado con lo que le va a costar comer en un chiringuito costroso...

Y yo no quiero ser snob, pero en la playa hay demasiada gente. Y demasiada gente de la que, en tu pequeña burbujita, creías que no existía. Hay niños llorones, pesados, jugando con pelotas que siempre le dan a uno, meando en tu toalla... Hay señores y señoras que pierden el pudor por completo, y que te dejan ver más de lo que quisieras. Y para las chicas, el especial playero: ¡el moscón chuloputas! Los hay más y menos pesaos, pero todos siguen la lógica de un primate en celo: huyen de cualquier macho de la manada de las hembras que se acerque. De hecho, me gustaría sugerir a los señores que hacen los documentales de la 2 que hagan un estudio del delicado entramado social de machos alfa y beta en las playas españolas, que seguro que sale algo con lo que valga la pena dormir. Cuando pienso en este tipo de cosas, me alegro de ser chico.

Con todo, debo reconocer que el descubrimiento de las sillas de playa, las cremas de factor australiano en spray y las sombrillas de doble capa me están descubriendo los placeres de la playa (léase: vegetar, dormir y leer, siendo al mismo tiempo funcional socialmente), y me imagino que habrá playas mejores que las que he visto. Por eso, si alguien quiere cambiar "odio" por "les tengo algo de manía", es libre de hacerlo.

5 comentarios:

Sus dijo...

Lo de los machos en celo tiene su explicación científica. O eso decía un documental que vi en un cursillo... era algo así como que en la mente del hombre está contante y permanentemente la idea de "planta tu semilla en el mayor número de hembras posibles". Esto, decía el documental (del que no pude escapar), era totalmente biológico. No dependía de la personalidad, educación o factores sociales; simplemente era una especie de determinismo que os tiene (a vosotros, los hombres) cogidos por los... por ahí.

odiolitos dijo...

El eminente etólogo Richard Leicester, especializado en el comportamiento reproductor de los primates, ha recibido una llamada de su esposa. Sólo en la sabana africana, ahora sabe que ella se ha enterado de lo de Nancy en la fiesta del departamento de biología el año pasado. Ella quiere el divorcio. Pero ¿cómo ha podido enterarse?

Una llamada a larga distancia a Brixton le da la respuesta. Nancy está embarazada. Quiere que Richard se responsabilice de lo que ha hecho, y por eso llamó a su casa.

Ahora Richard sabe que su vuelta a Inglaterra va a ser una pesadilla de graves consecuencias emocionales, legales y económicas. Sus abogados le han dicho que se prepare. El rector de la universidad le ha recordado que si los señores de la BBC no están satisfechos con el carísimo documental que está preparando, la Universidad se verá obligada a retirarle su beca.

El documental ha de estar terminado en una semana, y Richard no ha obtenido ninguna información relevante sobre la vida sexual de los babuinos. Y sólo puede pensar en demandas de paternidad y divorcios.

El cámara escucha sorprendido cómo en la tienda vecina del profesor Leicester alguien grita "¡EUREKA!"

pab dijo...

Después de tragarme Princesas propongo un "Odio no poder criticar a Fernando León de Aranoa porque los temas de sus pelis son tan guays de rollito comprometido que si te metes con su melodramatismo lacrimógeno o su simbolismo barato apto para marujas resultas ser un monstruo que está en contra de los niños de los barrios marginales, de los parados y de las pobres prostitutas inmigrantes..."

Ay, que a gusto me he quedado.
Preveo oleada de Goyas.
Fernando, la próxima, sobre los sin techo, o sobre las pateras. O sobre los chavales a los que dan garrafón en los bares. O sobre la gente a la que Vodafone tarifica por medios minutos, o...

Pistacho Veloz dijo...

Yo te recomendaría una visita con coche a Cádiz, al lado atlántico, que siempre se mueve más que el mediterráneo.
Y con todo y con eso no siempre se encuentran calas vacias...

moonriver dijo...

Yo al principio también odiaba las playas por lo de que no hay manera de evitar que la arena se introduzca en los recovecos más insospechados de tu anatomía. Luego la arena y yo nos hicimos amigas y ahora disfruto rebozándome en ella. Lo de la piel blanco-lechosa sí que lo sigo llevando mal. No sabes la rabia que da estar paseando tranquilamente por una bonita playa tunecina y que un morenísmo tunecino te grite en un perfecto español:"¿Cómo eres española y tan blanca? Quédate dos semanas aquí y estarás tan moreno como yo". Y claro, te cabreas porque sabes que no es cierto, que no produces melanina, que o sigues igual de blanca o te quemas, pero que nunca, nuna jamás, estarás morena. ¡Mierda de genes!