12.23.2005

La balada de Kate Moss

Es bajita. Un poco bizca. Tiene ojeras. Tiene menos curvas que un niño de 6 años. Si no me equivoco, tiene un niño de 6 años. Es yonqui. Y es LA top model de los 90.

A mí me da un poco de pena que a la pobre Kate, a la que utilizaron para lanzar el look "junkie chic", la crucifiquen ahora porque se haya hecho oficial (no público) que toma cocaína. Y que no sé cuántos modistos le retiren el saludo y dejen de invitarla al lavabo por el qué dirán.

Pero hombres de dios, si no hubiera tomado la mierda que le servíais, habría comido. Y todos sabemos que una modelo que se alimenta más allá del suero fisiológico no vale como modelo. Además, sin drogas no habría tenido las ojeras que considerábais super-elegantes hace 5 años.

Ellos la hicieron top model bajita, flacucha y bizca, y ellos la hunden. Ahora que vuelven Claudia Schiffer, la silicona ochentera y el botox. Al menos Kate era un poco fea. Era un poco normal. Y vale que les jodió la vida a miles de crías que se hicieron anoréxicas para estar a la moda, pero en el fondo la primera que tenía un problema gordo era ella. Ellos pudieron elegir si publicar sus fotos o no, si pagarle por seguir siendo escuálida o no.

Todos los jefecitos de la moda reniegan de Kate. Pete Dogherty (el de los Libertines, otro que parece una farmacia) debe estar otra vez en rehabilitación. A la que se despiste, le quitan la custodia de su prole. Y la pobre Kate ha vuelto a ser adicta, bajita, flaca y bizca. Pobre Kate.

12.19.2005

Odio a Sony/BGM

El otro día me entero de que los buenos chicos de Sony han enriquecido ciertos CDs (52 en concreto) para ver qué hacía la gente. Esto no quiere decir que estaban atentos a la respuesta del público ante un vídeo musical lleno de arte, o entrevistas con Mick Jagger hablando de drogas y sexo y de cómo murió Brian jones. Quiere decir que cuando metías uno de esos CDs en tu ordenador, éste instalaba un spyware en tu ordenador que le contaba a Sony todo lo que hacías con él. En qué webs te metías, qué programas usabas... Vamos, para ver qué hacía la gente en el sentido más literal.

Además, resulta que los chicos de Sony lo negaron largamente, hasta que un señor panzudo, calvo y sin vida social (léase: un experto informático en su tiempo libre) los descubrió. Y no sólo los descubrió, sino que expuso que el software usado para tan loable empresa era de código libre, o sea gratis. Vamos, que tanta tontería con los derechos de autor, y al final resulta que usaban programas exentos de tales derechos. Se vieron obligados a soltar un desinstalador para tan entretenido invento, y como éste no iba bien, tuvieron que gastarse los cuartos en desarrollar un segundo desinstalador.

Imaginemos ahora que nos compramos una lavadora. No sólo no vendrá con una cámara de video para que el señor Whirlpool sepa qué hacemos exactamente con o sobre su lavadora, sino que seguro que tendrá una garantía (prueben ustedes a devolver un CD, no ya a los dos años de comprarlo, sino a las dos horas), y si nos jode algo en casa, el señor Whirlpool deberá darnos dinero por ello. Sony sólo podía ser demandada por la suma de 5 dólares en concepto de daños ocasionados a ordenadores personales, por un contrato que ningún usuario leyó ni firmó. Genial.

¿Somos imbéciles? Los consumidores y los músicos, ojo, que no sé para qué quiere nadie meterse en una discográfica, si no va a hacer más que darles o deberles dinero. Desde luego, como se carguen algún día las redes P2P, me volveré al cassette copiado con títulos y rótulos a boli bic, que además ahora vuelven los 80 y es vintage en vez de cutre.

Como monten el teléfono de atención al cliente de Sony, me van a oir.

O no, porque ya me he quedado sin saber qué más decir.

12.15.2005

Odio a los mormones

Y como soy así de profundo, me baso únicamente en criterios estéticos.

¿Son todos los mormones guapos, altos, rubios y atléticos? A mí me resulta la mar de humillante toparme con dos tíos como dos pinos, perfectamente afeitados, de corte de pelo impecable (del pleistoceno, pero impecable), con pantalones negros la mar de limpios y camisas de blanco nuclear. Y más si encima son educados, majos y pacientes. Yo, que me afeito cuando me pica la barba y me visto con lo que encuentro cerca de la cama, y que por las mañanas no conozco. Yo, que me creía que 1,80 no era mala estatura. Yo, que no sé comerme un kebab sin pringarme hasta las cejas.

Todos los mormones que he encontrado por aquí son extranjeros, aunque hablan un castellano la más que correcto. O sea que encima han estudiado.

Y yo me pregunto: ¿es que los mormones se exportan? Quiero decir que si aquí son nórdicos altos y rubios, igual en Suecia todos los mormones son latin lovers célibes. O señores bajitos y con bigote de esos que tenemos por aquí. ¿Hay que ser guapete para ser mormón?¿Debo sentirme honrado de que hayan querido que me apunte a su chiringuito?¿Es algo así como ser los guaperas del instituto, pero en espiritual?

No sé de qué va el credo mormón. Igual resultan ser peña muy maja. De hecho, una de las cosas que más me choca de ellos es que siempre, siempre, sonríen y están la mar de contentos.

Y como en tantas ocasiones, tengo una batallita que contar: una vez vi a un montón de mormones hacerse fotos con dos M&M's gigantes. Lo juro.

Era cuando M&M's lanzó una campaña en la que dos tipos vestidos de lacasito gigante se paseaban por Valencia. Yo estaba sentado por ahí cuando vi a los dos inocentes chocolatillos acercarse tranquilamente. Y entonces, de golpe y repente, aparecieron como una docena de mormones (y mormonas: hasta entonces creía que se reproducían por meiosis)(¿los mormones se reproducen?) y se pusieron a contarles no sé qué historia. Total, que al final acabaron haciéndose fotos con toda la troupe, mientras uno de los lacasitos sostenía una biblia en alto y el otro levantaba el pulgar ante la cámara. Todos sonrientes, limpios y festivos como un anuncio de Tommy Hilfiger. ¿Dónde está la cámara cuando uno la necesita?

En fin, que descubrí dos cosas muy interesantes: que existen las mormonas y que a los tipos que hacen publicidad por la calle no les pagan lo suficiente para todos los malos tragos que han de pasar. Bueno, y tres: que esta gente está como una regadera.

12.09.2005

Odio los villancicos

Imaginemos a la pobrecilla cajera del Consum a las 4 de la tarde. No hay nadie en el supermercado. Está justo a mitad de su turno, y la tarde promete ser agitada. En diciembre siempre lo es.

Ella lo prefiere así. Nada le resulta más agotador que estar aquí de pie sin hacer nada, mirando a la calle por la cristalera. Al menos, cuando discute con las abuelas porque no han pensado los tomates, hace algo, se relaciona con la gente.

Pero hoy es 1 de diciembre. Hoy todo lo que quiere es que el coro afónico de niños cantando tonterías se calle. Que los teclados y las panderetas se vayan. Que todos los coros del mundo decidan hacerse equipos de bolos, o peñas ciclistas, o ultras de un equipo de fútbol. Pero por favor, por favor, que no vuelvan a cantar, y mucho menos juntos. Las voces ahogadas, maltratadas, artificiales de los chiquillos le cargan. Las letras son de una estupidez inaudita, llenas de diminutivos, de tópicos machistas, de imbecilidades varias… La cajera está harta.

Ella vive al lado de otro centro comercial con altavoces en la calle, que pone villancicos a todo volumen para que todos los oigan a lo largo de las 11 horas diarias que está abierto, fines de semana incluidos. En el colegio, a su hija le han enseñado uno que debe practicar a la flauta. Su marido compró una cinta horrenda en una gasolinera. Pronto llegarán los críos del colegio de pago cerca de su finca a dar la murga y pedir el aguinaldo.

Hoy la cajera del Consum va a llegar a casa y le va a robar el CD de Slipknot a su hijo el mayor.