2.27.2006

Después de ver Barbarella

Uno espera una peli chunguilla de ciencia ficción con chica-astronauta y ésto es lo que obtiene:

Barbarella es primera Navegatriz de la Unión de Planetas en Paz o algo así, y se saluda con sus superiores diciendo "Amor". La mandan a buscar a Duran Duran (han leído bien), que ha creado un arma, algo impensable en nuestro halagüeño futuro cósmico. Monta en su nave, que es una cosita rosa y brillante por fuera y peludita y suave por dentro (vamos, de la sección "viaje espacial" del Ann Summers), y navega por el interior de una lámpara de lava hacia el planeta donde desapareció Duran Duran.

Al llegar, como ha caído en un glaciar, se pone una mini-capa por encima del maillot transparente, por si refresca. Unos niños intentan matarla con sus muñecas asesinas (¡uf! ésto sólo ha empezado), que son tan torpes que sólo le muerden la ropa (y es difícil atinar, porque lleva poquita), pero le salva un tipo barbudo que a su vez la introduce en los deleites del sexo en trineo.

Resumiendo: Barbarella se enamora de un ángel que no puede ver ni volar, pero que recupera la capacidad de vuelo después de una terapia personalizada. A la pobre Barbarella se le rompe modelito tras modelito. El malvado Duran Duran (no puedo repetir ese nombre más veces, ¡me da vergüenza!), al servicio de la dominatriz planetaria, que sólo viste cuero negro y es muy mala, encierra a Barbarella en un piano de cola asesino que la matará de placer (madre mía del amor hermoso...), pero ella revienta el aparatejo con sus especiales cualidades (inserte aquí su comentario, que yo ya no puedo más). La mala pierde. Duran Duran pierde. Los buenos ganan. El ángel recupera la vista, y se enamora de Barbarella. Y no sé cuántos años después, Drew Barrymore amenaza con hacer la segunda parte. Pongámonos a cubierto.

Con lo bien que estaba Jane Fonda haciendo vídeos de aerobic, o para el caso, en casa con su papito Henry, y tenía que hacer una peli de culto.

2.17.2006

Odio ver los telediarios

...y leer el periódico, y poner la radio, y leer Escolar.net. Igual queda un poco frívolo, o igual es que soy demasiado molón, o igual soy un payaso.

Pero todas las noticias me suenan a lo mismo: el político X dice una sandez, que el político Y aprovecha para llenarse la boca de improperios y lugares comunes que no acaba de creerse (constitucionalidad, crispación, separatismo, libre expresión...). Total, para que todo quede igual, y las decisiones que nos afectan sigan tomándolas los que no las sufren.

Otra mujer muerta por su marido se convierte en un número, y nos dan detalles escabrosos, por si a alguien se le ocurre repetir la hazaña en casa y le faltan ideas. Y luego llega un párroco de pueblo y la lía diciendo que es que van provocando (véase www.Lamujertirita.blogspot.com)(no, no sé hacer links dentro de un post)

Y bueno, de la mano de la anterior: la Iglesia dice...(inserte aquí su disparate favorito), y espera que vaya a misa. ¿Por qué hemos de seguir sufriendo las declaraciones de esta gente?

Y así podría seguir con unos cuantos ejemplos más, pero que al final vienen a ser todos lo mismo: gente que no sabe hablar hablando de lo que no sabe o no le importa. Gente a la que le importamos un pedo decidiendo por nosotros. Y nunca sacamos nada en claro, más que la mala hostia de saber que no somos nadie, y que nuestras opiniones nunca saldrán en la tele. Y que la mayoría del país sigue repitiendo las opiniones de la cope (felicidades por tener las cosas claras, que dicen sus anuncios... claro, ante discurso único, cosas claras).

He dudado mucho a la hora de publicar esto, porque la verdad es que debe dar una imagen bastante frívola o derrotista. Tal vez sea una pataleta más de las que siempre intento evitar aquí. Igual es que no he pasado del rollito adolescente "el mundo apesta"; sea como esa aqui esta

2.09.2006

Odio las mañanas

Ahora que trabajo por las tardes y por las mañanas voy andando a la Biblioteca, recuerdo con cierta añoranza las mañanas que empezaban esperando un autobús cagado de frío. Hasta que por alguna razón cojo un autobús a las siete de la mañana, y entonces me cago.

Nada de esto va a resultaros nuevo: Oficinistas legañosos con rodales en los sobacos. Señoras de la limpieza que hablan a voz en grito de un lado a otro del bus (¿qué demonios toman para desayunar esta gente? Quiero dos kilos para mí). Molonetes peleando por el sitio al final del bus. Molonetas mirando con aire lánguido- interesante por la ventana llenita de vaho (o sea, mirando gotitas de agua) Conductores malcarados. Algún crío amargado ( y con suerte gritón) cuyos padres entran los dos a currar temprano, de camino a la guardería de turno. Aromas mil. Gente diciendo que no cabe nadie más en el vagón. Gente empeñada en caber. Apretujones. Maldiciones ininteligibles con la boca pastosa. El 90% con un periódico gratuito que no piensa leer bajo el brazo. Padres de familia paseando al perro con cara de malas pulgas. Los señores que ponen las calles. Los que recogen la basura.

Intuir que amanece a través del cristal de un autobús. Saber que amanece allá arriba. Ver el sol cinco minutos en la puerta de un sitio en el que tendrías que estar hace cinco minutos...

Y para los campeones, el desayuno en bar. Yo llegaba a la facultad (que estuvo en obras todo el tiempo que duró mi carrera), pedía un café con leche en voz bajita, y los veía. Ellos. La raza superior. Los más fuertes. Los que llevaban cuatro horas cuatro despiertos. Mientras daba vueltas a la bolsita de azúcar en el café del vecino, ellos se cascaban un "sol y sombra" (si no me equivoco, María -nunca "Marie"- Brizard con Soberano), o un carajillo de los de campeón, de Soberano. Y se jalaban un bocata de calamares. ¿Cómo son capaces? Si yo me tomara un sol y sombra de esos después de una comida fuerte, caería redondo... Decididamente, de otra pasta... Mejores.

Y bueno, pues eso. Que a uno se le adelanta el despertador una hora,se levanta a las seis, y le duele...

2.06.2006

Miedo y asco en la ciudad de las naranjas IV

Luis tenía un perro de pequeño. Un mastín de los Pirineos que se llamaba Nelo.

Cuando Luis tenía seis años, jugaba con Nelo a toros, pasándole el anorak por el hocico al paciente animal. Luis le guardaba los muslos de pollo de la paella en el bolsillo de los pantalones del domingo. Nelo lloraba cada noche cuando no le dejaban ir a la cama con el pequeño. Luisín aprendió a caminar a cuatro patas. Nelo ladraba cuando su amigo le contaba secretos al oído.

Una mañana, Luis y Nelo salieron a pasear entre los naranjos de su abuelo. Luis cogió una naranja y se la dio al perro. Nelo le mordió la mano. Cuando volvieron a casa, les contó a sus padres que se había arañado con una rama.

Después de una comida de domingo, mientras los mayores dormían, Luis sacó la cuerda que a Nelo le encantaba mordisquear. Estuvieron jugando un buen rato: cada uno tiraba de la cuerda hacia un lado. Hasta que Nelo se cansó y mordió el brazo de Luis.

Luis gritaba, tratando de liberarse. Cuando su padre se dio cuenta, la emprendió a pedradas con el perro. Éste huyó por un camino de polvo. Luis cogió el tétanos. Cuando la fiebre le adormecía, soñaba que jugaba con Nelo. Que paseaban por caminos de polvo.

Un par de semanas más tarde, el perro volvió, una tarde que Luis estaba solo en casa. Venía con el hocico bajo y el rabo entre las piernas. Se acercó a Luis, los ojos apenados. Luis le acarició el morro, le rascó detrás de las orejas, y sacó una cuerda para jugar.

Nelo estaba la mar de contento. A Luis le dolía el brazo. Mientras Nelo daba saltos y cabriolas, enredó la cuerda sobre el cuello del animal.

Los padres de Luis no dijeron nada cuando llegaron a casa y vieron lo ocurrido. La madre lloró un poco, y empezó a mirar raro a Luis. El padre tiró el perro a la basura.

De vez en cuando, Luis vuelve a soñar que pasea por caminos polvorientos con Nelo. Con el Nelo de antes.