2.06.2006

Miedo y asco en la ciudad de las naranjas IV

Luis tenía un perro de pequeño. Un mastín de los Pirineos que se llamaba Nelo.

Cuando Luis tenía seis años, jugaba con Nelo a toros, pasándole el anorak por el hocico al paciente animal. Luis le guardaba los muslos de pollo de la paella en el bolsillo de los pantalones del domingo. Nelo lloraba cada noche cuando no le dejaban ir a la cama con el pequeño. Luisín aprendió a caminar a cuatro patas. Nelo ladraba cuando su amigo le contaba secretos al oído.

Una mañana, Luis y Nelo salieron a pasear entre los naranjos de su abuelo. Luis cogió una naranja y se la dio al perro. Nelo le mordió la mano. Cuando volvieron a casa, les contó a sus padres que se había arañado con una rama.

Después de una comida de domingo, mientras los mayores dormían, Luis sacó la cuerda que a Nelo le encantaba mordisquear. Estuvieron jugando un buen rato: cada uno tiraba de la cuerda hacia un lado. Hasta que Nelo se cansó y mordió el brazo de Luis.

Luis gritaba, tratando de liberarse. Cuando su padre se dio cuenta, la emprendió a pedradas con el perro. Éste huyó por un camino de polvo. Luis cogió el tétanos. Cuando la fiebre le adormecía, soñaba que jugaba con Nelo. Que paseaban por caminos de polvo.

Un par de semanas más tarde, el perro volvió, una tarde que Luis estaba solo en casa. Venía con el hocico bajo y el rabo entre las piernas. Se acercó a Luis, los ojos apenados. Luis le acarició el morro, le rascó detrás de las orejas, y sacó una cuerda para jugar.

Nelo estaba la mar de contento. A Luis le dolía el brazo. Mientras Nelo daba saltos y cabriolas, enredó la cuerda sobre el cuello del animal.

Los padres de Luis no dijeron nada cuando llegaron a casa y vieron lo ocurrido. La madre lloró un poco, y empezó a mirar raro a Luis. El padre tiró el perro a la basura.

De vez en cuando, Luis vuelve a soñar que pasea por caminos polvorientos con Nelo. Con el Nelo de antes.

11 comentarios:

Ike Janacek dijo...

Excelente cuento :)

odiolitos dijo...

Vaya, muchas gracias...

La verdad, me da miedo que alguna gente se pensara que estoy alentando el maltrato a los animales, y que me odiaran por algo que odio.

Como nota aclaratoria: nunca he hecho daño a un perro, y lloro de emoción cuando veo un cachorrito. En serio.

Surlaw dijo...

Joder...este tipo de cuentos afectan mi sensiblería.

Nuala dijo...

Esta historia y la de la cajera son tremendas. Ese lado oscuro que asoma de vez en cuando en toda persona, asusta. Mucho. :)

esteeee...yo te creo...pero si de verdad lloras al ver un cachorrito, háztelo mirar.

A nosotras nos pasa, pero es diferente, son las hormonas que nos gritan: PROCREA, PROCREA. Incluso si nunca te han gustado los perros o los niños. Un día te levantas por la mañana, vas a trabajar como todos los días y ves un bebé (que hasta el día anterior sólo eran fábricas de mocos y caca) y se te empañan los ojos. Y después te pasa lo mismo con cachorritos y todo tipo de bichos. Y te preguntas: oh dios míooooo, ¿qué me pasaaaaa?, ¿en qué estoy mutandooooooo?.

Nuestro cuerpo conspira contra nosotras y nos convierte en enajenadas mentales temporalmente. La buena noticia es que si resistes el impulso inicial, se pasa. La mala noticia es que el impulso no es un momentín. Son unos dos años de chantaje hormonal.Y no se acaba ahí: en esos dos años eres más fértil de lo que lo serás en toda tu vida, y te quedas preñada incluso por respirar el mismo aire que tu pareja. Así que mucho cuidadiiiiiiiiiiiin a tod@s. :D

Ike Janacek dijo...

Er... una pregunta; ¿y a qué edad pasa eso, Nuala? por prevenir, nada más.

El Nelo dijo...

vale hombre.. te perdono.

Anónimo dijo...

q no muala. q eres gilipollas. hay una diferencia. :)

odiolitos dijo...

Yo sé que lo he dicho por ahí, e insistiré en ello: la dirección del local se reserva el derecho de insultar a los lectores para sí misma. Les rogamos se abstengan de malgastar odio entre sí, y diríjanlo hacia la dirección.

Gracias, y disculpen las molestias

Anónimo dijo...

vale hombre. tú también eres un gilipollas.

chuliMa dijo...

hola...Vaya, no tengo ni idea de como he llegado hasta aquí, pero me ha encantado tu cuento (se que es un post un poco antiguo e igual ni miras este comentario).
Pero no me voy a quedar con las ganas de Felicitarte. Me parece estupendamente bien conseguido.

Norabuena majete.

Adri Phaustho dijo...

O_O

Guau.

Esta serie de relatos estaba despertando mi interés, pero esta parte se lleva la palma.

Como escritor aficionado con un poco de camino recorrido, me gustaría decir que me encanta este relato. La forma de omitir las evidencias y darles un enfoque sutil hace que la dureza del relato sea casi palpable como una hostia en la cara. En especial lo de la cuerda, eso me ha hecho encogerme y todo.

¡Mola mucho el blog!