2.09.2006

Odio las mañanas

Ahora que trabajo por las tardes y por las mañanas voy andando a la Biblioteca, recuerdo con cierta añoranza las mañanas que empezaban esperando un autobús cagado de frío. Hasta que por alguna razón cojo un autobús a las siete de la mañana, y entonces me cago.

Nada de esto va a resultaros nuevo: Oficinistas legañosos con rodales en los sobacos. Señoras de la limpieza que hablan a voz en grito de un lado a otro del bus (¿qué demonios toman para desayunar esta gente? Quiero dos kilos para mí). Molonetes peleando por el sitio al final del bus. Molonetas mirando con aire lánguido- interesante por la ventana llenita de vaho (o sea, mirando gotitas de agua) Conductores malcarados. Algún crío amargado ( y con suerte gritón) cuyos padres entran los dos a currar temprano, de camino a la guardería de turno. Aromas mil. Gente diciendo que no cabe nadie más en el vagón. Gente empeñada en caber. Apretujones. Maldiciones ininteligibles con la boca pastosa. El 90% con un periódico gratuito que no piensa leer bajo el brazo. Padres de familia paseando al perro con cara de malas pulgas. Los señores que ponen las calles. Los que recogen la basura.

Intuir que amanece a través del cristal de un autobús. Saber que amanece allá arriba. Ver el sol cinco minutos en la puerta de un sitio en el que tendrías que estar hace cinco minutos...

Y para los campeones, el desayuno en bar. Yo llegaba a la facultad (que estuvo en obras todo el tiempo que duró mi carrera), pedía un café con leche en voz bajita, y los veía. Ellos. La raza superior. Los más fuertes. Los que llevaban cuatro horas cuatro despiertos. Mientras daba vueltas a la bolsita de azúcar en el café del vecino, ellos se cascaban un "sol y sombra" (si no me equivoco, María -nunca "Marie"- Brizard con Soberano), o un carajillo de los de campeón, de Soberano. Y se jalaban un bocata de calamares. ¿Cómo son capaces? Si yo me tomara un sol y sombra de esos después de una comida fuerte, caería redondo... Decididamente, de otra pasta... Mejores.

Y bueno, pues eso. Que a uno se le adelanta el despertador una hora,se levanta a las seis, y le duele...

4 comentarios:

Ike Janacek dijo...

"Hay que aprovechar las mañanas, con lo bonito que es el día": la de veces que habré oído eso. También odio las mañanas, sobre todo ahora que tengo insomnio crónico.

Bonita descripción,Litos.

Recordé que mi hermana estuvo trabajando tres años en la perfumería de un enorme centro comercial. Llegaba justo antes del amanecer y salía por la noche,con lo cual apenas veía la luz del sol salvo los domingos. Eso enferma.

Anónimo dijo...

un buen porro de rico polen pa antes de acostarse y no hay insomnio q valga. te lo digo yo.

Listo Entertainment dijo...

cuando era jóven y madrugaba para coger el metro en hora punta escribí este cuento sobre tan bella experiencia:
http://geocities.com/gabrudos/trajecte.htm
quizá le haga gracia.
(ojo, que está en valenciano del norte)

Pistacho Veloz dijo...

Hombre, eso de levantarse y acostarse es psicológico. Yo no tengo horario y me duele igual levantarme a las 21 de la noche que a las 9 de la manyana, aunque me levanto casi todos los días a las 6.