6.14.2006

Odio a las estrellitas

Aclaremos algo en primer lugar: estrellitas hay en todos lados. No hace falta ser el cantante de un grupo de rock o Dj marbellí para ser una estrellita. Se puede ser estrellita y trabajar de paleta en una obra, o estar en paro.

Lo que toda estrellita que se precie sabe es que el mundo gira a su alrededor, y que el sol sale y se pone en su ombligo. Las estrellitas no se equivocan: experimentan. Las estrellitas no perrean: meditan. En la película de cada estrellita, los demás somos actores secundarios. Secundarios humorísticos, secundarios que mueren, malos de chicha y nabo a los que eliminar mientras meriendan... A menudo salimos borrosos en un encuadre brillante en el que siempre salen bien guapos.

Basta con ignorar su condición de estrellas para que las estrellitas nos tomen manía, y nos conviertan en su némesis. Una cosa está clara: para ellos, hay una jerarquía. Nuestro trabajo como simples mortales es claudicar y aceptarla.

Es por esto que las estrellitas suelen cultivar enemigos como si fueran setas. Somos todos unos envidiosos. Toda estrellita que se precie es un poquito paranoica: ¡tantos ojos sobre sus espaldas! y tratan de actuar con naturalidad, pero no pueden. Me imagino que hasta cuando van a mear hacen posecitas molonas.

Ricos o pobres, guapos o feos, todos los estrellitas tienen seguidores, que son los que los han puesto donde están. Y en realidad, es culpa de esta gente que sean como son, desde los papis diciendo lo listo que es el nene hasta los colegas diciéndole lo grande que es cada vez que cuenta un chiste malo. Estoy seguro de que un estrelita fuera de su contexto las pasa putas. Sin séquito. Sin el calor del público.

El encuentro entre dos estrellitas debe ser algo digno de verse: como los profundos, seguro que se lían a ver quién tiene más puntos de estrellato. Supongo que los más machotes entran en "modo Gallagher", y los más civilizados sencillamente se meten púas hasta que uno de los dos se cansa... Debe ser dura, la vida de la estrellita de a pie.

6.09.2006

Odio todo tipo de actividad deportiva

Para la mayoría de niños, el momento de alcanzar la plenitud de sus facultades psicomotrices ronda la pubertad. Conmigo no funciona. En mi caso, caben dos opciones:

- Mi cuerpo no se enteró de todo el asuntillo este, y se limitó a fabricar granos. Así que tal vez a los 60 me veáis en las Olimpiadas, que será cuando se vaya enterando...
- Mi pico de psicomotricidad fue como a los dos meses, y a partir de ahí no ha hecho sino decaer.

De pequeñito no me molaba el fútbol. Primera, porque mis piernas no sabían si correr o darle a la pelota, y siempre acababa de portero. Y me metían goles, porque me aburría de esperar a que vinieran los contrarios y me ponía a mirar las musarañas. Había un chaval en mi clase que era enano. Siempre lo elegían antes que a mí para los equipos. Demoledor.

Así pues, decidí apuntarme al rollito alternativo: el baloncesto. Mi colega acondroplásico (el bajito) se apuntó también, porque total... En aquella época se demostró que no ya era torpe con las piernas: era torpe con todo. Años más tarde, me metí en el equipo de mi instituto, y mi momento más grande fue cuando encesté en canasta propia, y no me enteré hasta que me lo dijeron. Brillante.

Claro, con estos antecedentes, para mí ver a señores hacer deporte es como si un eunuco se alquila una porno... No me motiva. Nada. Cero. Y soy de los que no entienden nada del tema.

Luego está cuando el carnicero- panadero- taxista te da la paliza con que si Raúl que si Fernando, que si no sé quién no sabe jugar... ¡Y has de contestar! La opción "es que no me gusta el fútbol" no existe, so pena de que te miren mal. Muy mal. Y yo ya paso.

Así pues, ahí van frases- tipo para los ineptos deportivos como yo: "Si es que hay que apoyar a la cantera" "Sin cantera no hay equipo" y "Es que ya no se juega como antes, con Zubizarreta (o alguno similar...)" Esto halaga al taxista fascistilla, al entusiasta indie, porque le dice que los poco conocidos molan más, y a tí mismo, porque quedas como un/a señor/a.

Y con eso y un bizcocho...

6.06.2006

Odio la tele

Últimamente estoy un poco perro y los únicos posts que publico son de memes. Para no cambiar la tendencia, aquí va otro (va por ustedes!).
Coolebra me mandó este, sobre lo que monopoliza estos días mi caja tonta. Y la verdad es que es poquito, porque a mí los anuncios, las series nacionales y las estrellitas de medio pelo que la pueblan me cabrean bastante (aunque tal vez debiera ver más tele, que voy un poco corto de odios...) Así que aparte de cupletistas muertas (no se libra nadie, chicos), lo que ha ocupado mi visor en los últimos tiempos ha sido:

1) Perdidos: Odio Perdidos. No puedo dejar de verlo. Me sé de memorieta los dichosos números (4815162342). Yo tembién los he sumado, les he asignado letras, y los busco en cada capítulo. Y lo peor es que ya lo he visto TODO. Ya sé por qué se estrelló el avión. Ya sé qué pasa con la escotilla. Ya sé qué pasa con Walt y Michael, y los Otros, y la biblia en pasta... Y sólo quiero más. Soy un adicto. Mis padres son adictos. Mi tío es adicto.

2)Friends: Durante mucho tiempo odié Friends. Porque a todo el mundo le gustaba, porque no sabía de qué iban los personajes, porque no entendía lo de la canción del gato apestoso... Luego cayó en mis manos la serie enterita. Y me enganché. Tres episodios de una, cuatro de una, uno antes de ir a la cama. Y la porra de si Rachel y Ross se iban a liar al final o no, y saber que claro que sí, hombre... Y aborrecer los capítulos pastelosos, pero no poder dejarlos. Aunque debo decir que nunca entenderé qué le ve todo el mundo a Rachel. Me cae mal.

3)La hora chanante: Sólo he visto seis programas (como veinte veces cada uno, eso sí), y ya digo "hijosssdeputa" como el mejor. Es la vuelta al humor gilipollas-porrero del patio de instituto. Es volver a pensar que los tacos pueden ser divertidos. Es imbécil, pero me gusta.

Y ya está. No veo nada más. Lo juro. Gracias a mi amiguito Coolebra. Sin él, esto no habría sido posible.