6.09.2006

Odio todo tipo de actividad deportiva

Para la mayoría de niños, el momento de alcanzar la plenitud de sus facultades psicomotrices ronda la pubertad. Conmigo no funciona. En mi caso, caben dos opciones:

- Mi cuerpo no se enteró de todo el asuntillo este, y se limitó a fabricar granos. Así que tal vez a los 60 me veáis en las Olimpiadas, que será cuando se vaya enterando...
- Mi pico de psicomotricidad fue como a los dos meses, y a partir de ahí no ha hecho sino decaer.

De pequeñito no me molaba el fútbol. Primera, porque mis piernas no sabían si correr o darle a la pelota, y siempre acababa de portero. Y me metían goles, porque me aburría de esperar a que vinieran los contrarios y me ponía a mirar las musarañas. Había un chaval en mi clase que era enano. Siempre lo elegían antes que a mí para los equipos. Demoledor.

Así pues, decidí apuntarme al rollito alternativo: el baloncesto. Mi colega acondroplásico (el bajito) se apuntó también, porque total... En aquella época se demostró que no ya era torpe con las piernas: era torpe con todo. Años más tarde, me metí en el equipo de mi instituto, y mi momento más grande fue cuando encesté en canasta propia, y no me enteré hasta que me lo dijeron. Brillante.

Claro, con estos antecedentes, para mí ver a señores hacer deporte es como si un eunuco se alquila una porno... No me motiva. Nada. Cero. Y soy de los que no entienden nada del tema.

Luego está cuando el carnicero- panadero- taxista te da la paliza con que si Raúl que si Fernando, que si no sé quién no sabe jugar... ¡Y has de contestar! La opción "es que no me gusta el fútbol" no existe, so pena de que te miren mal. Muy mal. Y yo ya paso.

Así pues, ahí van frases- tipo para los ineptos deportivos como yo: "Si es que hay que apoyar a la cantera" "Sin cantera no hay equipo" y "Es que ya no se juega como antes, con Zubizarreta (o alguno similar...)" Esto halaga al taxista fascistilla, al entusiasta indie, porque le dice que los poco conocidos molan más, y a tí mismo, porque quedas como un/a señor/a.

Y con eso y un bizcocho...

6 comentarios:

Nuala dijo...

Al mediodía lo he oido en las noticias:

Hoy empieza el Mundial.

Y he mirado a mi padre con cara de loca: - ¿pero no había empezado yaaaa?
- No
- pppero... ¿y todos los partidos que hemos visto estos días? ¡Si jugaba España!
- ah, sí, pero eran amistosos...

Y se me ha escapado un "cagoentó".

¡yo que creía que estaba a punto de acabar!

Porque yo me chupo toooooodos los partidos del mundo mundial, aunque sólo sea de forma colateral (estoy en el salón). Ains.

Deportes. Sí, claro. Mi deporte favorito es el tumbing. El segundo, el blogging. Y a veces corro (para llegar al estanco antes de que cierre).

happyhamsterhop dijo...

Pasate por mi blog. Meme al canto.

Y comparto tu odio deportivo. Todos los deportistas se lesionan, ergo, es malo para la salud.

pab dijo...

Yo gracias a mi chute ambizurdo (vamoos, que no daba ni una) y mi querencia por las zonas del área contraria donde hubiera algo de sombrita (es de tontos pillar una insolación por ná) fui conocido como el Tercer Poste. Me quedaba agazapado en el área enemiga a la espera de alguna ocasión para rematar.

Sigo esperando.

Listo Entertainment dijo...

Pue yo lo de no gustarme el futbol yo llevo con un orgullo tal que cuando lo proclamo los que terminan avergonzándose son los futboleros, pobrecitos.

Córrer es de cobardes.

Y un día que el Barça había ganado algo, una moza me tiró los tejos en el metro porque era el único en un vagón abarrotado que en lugar de llevar banderas llevaba una novela bajo el brazo. :)

PD:
http://www.aldeaglobal.net/listo/listo7.gif
http://www.geocities.com/gabrudos/Aplicacions1.htm

odiolitos dijo...

Cierto, yo también estoy orgulloso de mi no-futbolerismo. Pero siempre hay situaciones en que uno se ve arrinconado y necesita cualquier cosa para salir airoso. Para eso mi limitado repertorio de topicazos halaga-futboleros.

La peor encerrona en este sentido es el taxi. Cada vez que subo en uno, me echo a temblar, entre Radio Marca y la Cope.

Alacrán dijo...

A mi no me gustaba el fútbol hasta que viví con un tío que compraba el Marca todos los días, y al final me enganché.
En los partidillos que echábamos me aprovechaba compulsivamente del hecho de jugar sin fuera de juego: quedarse al lado de la portería contraria, esperar a que te pasen y meterla pa dentro.
Un día metí cuatro.