7.10.2006

Miedo y asco en la ciudad de las naranjas V

Y llegaron las huestes del teutón en tropel. Los caciques locales les ofrecieron horchata y fartons, y una paella muy grande. Los lugareños, temerosos del dios que les negaba incluso el purgatorio, huyeron a las montañas y los valles.

El río se llenó del orín y las heces de los seguidores del invasor, almacenados en miles de cubículos portátiles alquilados. Libros sagrados fueron y vinieron en mil versiones. Los herejes fueron numerados y señalados por la guardia local. Creyentes y conversos sacudieron banderitas albas con llaves y sombreros pintados.

Ante miles de secuaces sedientos, bajo un sol implacable, el bárbaro recitó letanías eternas en lenguas que desconocía. La multitud rugió en aprobación. Los viejos, que eran muchos, sintiéronse cual en su juventud. Los jóvenes parecían viejos.

Cuando se posó al fin el polvo en el río seco, los caciques contaron monedas de oro y de plata, y las guardaron en una ciudad por construir, donde marsopas y pingüinos languidecían ante las miradas de los bárbaros.

Y yo llegué el domingo por la noche, y aún colgaban miles de cartelitos amarillos y blancos de las farolas. Miedo. Asco.

4 comentarios:

pab dijo...

Viva el papa!

Viva la mama!

Ike Janacek dijo...

Así descrito es una pesadilla, y debe haberlo sido, imagino, para todo el que pase de este circo.
La gira de este hombre habrá hecho una taquilla mayor que la de un Springsteen, pero a saber quíen se la embolsa. Lo del estado laico en España debe ser una broma ¿no?

claradriel dijo...

Aún quedan pelegrinos!! Y váters! Son como de otro mundo, con esa mirada, brrrrrrrr.

odiolitos dijo...

Si por mí, mira, que vivan tranquilos, el papa y la mama, pero como los naturales, que se metan en lo suyo, que no nos sermoneen, y cuanto más lejos, más tranquilos todos...

Lo del estado laico era coña, lo sabían todos cuando lo dijeron, pero mira...

Mi padre, que trabaja al ladito de donde montaron el chiringuito, y una coelga que vive cerca, ya me han comentado que una semana después, los lavabos portátiles siguen aromatizando sus mañanas. Espléndido.

El otro día di con el slogan perfecto (no es mío, pero me lo apropio)... Ni papas ni quicos: tramussos!