11.24.2006

Odio las ferias

Andrea siempre pedía lo mismo por navidad. Un pony. Podía pedir barbies, nancys, pelotas y libros, pero siempre acababa su carta de reyes igual: "...y un pony"

El pony no llegaba nunca, pero año tras año ella seguía pidiéndolo.

Un diciembre, sus padres la llevaron a la feria. A ver a los ponys. Andrea no cabía en sí de gozo: ¡ponys! En cuanto llegaron a la explanada polvorienta donde estaba instalada la feria, Andrea salió corriendo en busca de los caballos pequeñitos. Y se topó con una caseta de cartón- piedra pintada con spray.

La caseta olía mal, y los animales estaban hacinados anca con anca, comiendo paja sucia al lado de su propia mierda. El hombre que ofertaba los paseos en pony fumaba Celtas sin filtro y olía raro. Parecía estar de mal humor. Siguió de mal humor cuando el padre le pagó y Andrea eligió el pony rubito.

El hombre que olía raro la subió a lomos del pony, que tenía los ojos tapados y un trozo de metal entre los dientes. El animal caminaba despacio, asustado. Olía mal, como la caseta de la que había salido, a paja mojada y comida rancia. No respondía cuando Andrea le acariciaba la crin, y sólo se movía cuando su amo tiraba del trozo de metal con una cuerda. No relinchaba: se limitaba a resollar. Y a Andrea aquello no le hacía ninguna gracia. Un par de veces chasqueó la lengua, para ver si el pony quería correr con ella y escapar a algún prado cercano. El bicho no respondía, y el hombre apestoso la miraba de reojo, el cigarro ardiendo pegado al labio inferior. Andrea no veía el momento de terminar con aquello.

Volvieron a casa, y sus padres parecían muy entusiastas: "Por fin has montado en un pony, ¿eh?" Ella respondía con igual alegría, para no chafarles la ilusión a los pobres.

Al año siguiente, Andrea se pidió una bici rosa, con flores y un timbre en forma de mariquita. Al menos con eso sabía qué esperar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No recuerdo exactamente la frase ni a su autor, pero cuidado con lo que sueñas, puede convertirse en realidad... espero que no lo hayas experiementado... debe ser duro... muy duro...

chuliMa dijo...

el fin de las ilusiones, suele ser así....menos mal que papa Noel aun existe...

;-)

moonriver dijo...

Pues Ana nunca se había pedido un pony para navidad,pero siempre se montaba en los ponys de la feria de su pueblo. En realidad era lo único que le hacía ilusión de la feria. Bueno, eso y vestirse de gitana. No es que el vestido fuera especialmente de su agrado, pero era largo. Y sí, los ponys olían mal y daban pena. Pero con su vestido de gitana y subida en aquel pobre pony que ya no podía tirar ni de su alma, Ana jugaba a ser una princesa y era feliz. Pero luego Ana creció y sólo las que sabían bailar sevillanas se vestían de gitanas y los ponys se le habían quedado pequeños y Ana no podía jugar a ser una princesa y la feria empezó a ser una asco.