12.04.2006

Miedo y asco en la ciudad de las naranjas VI

Cuando la tía de Luis murió, les tocó a sus padres y a él ir a su casa a arreglarla. Vaciar la nevera, lavar la ropa de cama y airear los armarios.

La tía de Luis murió a los 55 años, viuda y sin hijos. Los últimos cinco años de su vida los pasó sola. Su única compañía eran las puntuales y cronometradas visitas de Luis y sus padres, cada sábado a las dos. Nadie sabía exactamente a qué dedicaba el resto del tiempo, salvo que leía mucho. Novelas históricas, románticas... Cualquier cosa por encima de las trescientas páginas que cayera en sus manos.

Los padres de Luis estaban en la cocina, vaciando la nevera y escogiendo cacharros. Mientras, él fue a limpiar el armario empotrado del dormitorio. La parte de la derecha todavía tenía los trajes y camisas de su tío. Zapatos bien limpios, calcetines enrollados en apartaditos de madera, corbatas de seda, pañuelos con sus iniciales bordadas. Y una pila de revistas porno gay. Y un vibrador verde.

Confuso, Luis se apresuró a esconder todo aquello debajo de la cama. Cuando ya se iban, Luis les dijo a sus padres que el armario y todo el cuarto estaban ya ordenados. Y se metió en su cuarto.

Y se dió cuenta de que si su tía hubiera sabido que se iba a morir, se habría ahorrado la vergüenza de que Luis encontrara todo aquello. De que Luis se preguntara si aquello era de su tía o de su tío. Si a su tía le había pasado lo mismo cuando su tío murió.

A partir de ese día, Luis temió a la muerte. Al rastro que pudiera dejar después de muerto, y que su familia pudiera encontrar. Limpiaba todo después de usarlo. En vez de esconder las cosas, las tiraba. Quemó una serie de cartas que no le había enviado a Adela cuando estaban a punto de cortar. Antes de salir de casa, siempre vaciaba los ceniceros y fregaba los platos. Siempre llevaba ropa limpia, porque a lo mejor lo atropellaba un camión el día que había repetido calzoncillos, y a ver qué pensaban los de la UVI de su ropa interior manchada. Dejó de escribir un diario. Dejó de garabatear en los márgenes de su agenda, y borró un par de nombres de ella.

Por si acaso.

6 comentarios:

Sophia Petrillo dijo...

me gusta un monton lo que escribes, eres muy divertido...

- SemiGabriella dijo...

Hay un libro que dice justo lo opuesto... que queda muy muy poco de alguien cuando se muere. Sólo ciertas cosas, ciertas prácticas y sólo por cierto tiempo... que todo viaja a su difuminación, y se borra.

Sólo no recuerdo que libro era, jah... maldita memoria mierda

Es muy bueno tu blog... te puedo linkear?

odiolitos dijo...

Esto...vaya, ¡gracias! Se hace lo que se puede.

Tampoco pretendo decir que la tía de Luis vaya a vivir po siempre...es más bien que ya nunca podrá explicar qué demonios pintaba el vibrador en su armario. Decir que era de su marido, el muy guarro, se alegra de que se muriera. O decir que sí señor, que es suyo, y que se iba en plan "Edades de Lulú" a los clubs de ambiente. Y claro, eso es una putada, y la frágil psique de Luisín -que ya las ha visto de todos los colores el pobre- se apunta el tanto para darle una neura más.

Y vaya, desde luego que me puedes linkear. es más, ¡¡linkéame, que cada vez tengo menos visitas!! Qué bellos tiempos aquellos en que llegué a tener 20 comentarios...

- SemiGabriella dijo...

Vale... yo te linkeo y tu me linkeas, que yo tengo poco en estas ondas de bloguear y nadie me comenta casi, y lloro desconsolada, todos los dias, y no como, y no duermo...
jah

te dejo esto aqui

http://filthdirt.blogspot.com

y beso

hormiga dijo...

¡Endogámicosssssssss! Linkeadoressssssss!
Me gusta el relato, lo de menos para mí es lo de las revistas y el vibrador. Lo mejor : lo de actuar según lo que los demás puedan pensar de ti. Este relato me recuerda a una vieja que me contaba que tenía que hacer siempre la cama nada más levantarse porque si me pasaba algo "¿Qué iban a pensar de mí si veían que mi cama estaba deshecha? "Y lo mismo lo de la ropa interior, el argumento es que había que cambiarsela porque te podía atropellar un coche y luego en el hospital "¡qué verguenza si llevabas ropa interior sucia!"
Me parecen argumentos ridículos y ñoños, uno se tiene que cambiar la ropa por higiene, no por miedo a lo que piensen los demás. Caso contrario, lo único que queda es la puta apariencia.

ah...lo de endogámicos era broma ;)

moonriver dijo...

Para mí lo divertido de morirte es precisamente que el rastro que dejas suele ser malinterpretado por los que siguen en este mundo. Y así Luis está convencido de que el vibrador era del depravado de su tío o de la solitaria de su tía, cuando a lo mejor era utilizado por los dos para amenizar una decadente vida sexual o puede que solamente se tratara de un regalo gracioso de algún amigo cachondo o quizá...
En todo caso,¿no es divertido que los demás piensen cosas que no son verdad y que esté convencidos de estar en lo cierto mientras el fallecido, allí donde esté, se retuerce de risa ante la ignorancia de los vivos?