3.27.2007

Apocalipsis fallero

Era martes, pero era lunes. Flotaban cinco toneladas de ceniza en el aire, y todo el suelo estaba negro. Los tipos encargados de quemar aceite en cada esquina resollaban, miraban al cielo encapotado, pensaban en dónde podrían quemar sus camisetas amarillentas sin hacer daño a nadie. Los delantales habría que enterrarlos en cofres metálicos.

Cuatro tipos gordos, calvos, borrachos, tiraban un petardo detrás de otro, sin hablar siquiera. Miraban al frente y echaban los explosivos a un lado, eficientes trabajadores de la molestia fallera.

Las flores que cubrían a la virgen se pudrían, y la catedral empezaba a oler mal. Las señoras que habían aprendido el idioma local la semana anterior rezaban con pañuelos sobre la boca.

Las adolescentes se limpiaban el rimmel corrido en sus disfraces de mesa camilla valorados en 3000 euros. Los padres dormían la mona. Los chavales buscaban la manera de mear en la pared con una faja apretando sus huevillos.

Yo me bajé del tren y vi todo esto. Y caminé muy erguido, muy distante. Pero hacía frío y me dio un tirón en la espalda y me tiré una semana en la cama con relajantes musculares.

3.05.2007

Odio las obras

Un sábado cualquiera a las 8 de la mañana es el mejor momento para empezar una obra. Ya se sabe: tirar tabiques, gritarle a las mozas, escupir en el suelo y poner Camela en un radiocasette roñoso. Ah, y silbar. Silbar mucho, muy alto y mal.

Cuando una calle está en obras, siempre paso con la terrible sensación de ser una cobaya en un laberinto de vallas metálicas. Miro siempre hacia arriba para buscar la cámara oculta. Algún día la encontraré.

Y luego está el "efecto Escorial", conocido por todos: tú creías que cambiar una puerta de sitio era fácil. Pero se tiran dos meses picando día y noche, y no pasa nada: sólo que las montañas de mierda alrededor de la obra crecen y crecen... De hecho, no puedo pasar sin comentar la teoría del cenicero, expuesta hace poco por mi buen amigo el Senyor9: "Una obra sólo está a punto de terminar cuando los albañiles dejan de tirar las colillas al suelo. Hasta ese momento, es imposible predecir su duración" Cuánta verdad...

Otra muy grande me ocurrió hace unos años, cuando llevaba el pelo largo, largo (y barba poblada) me gritaron desde un andamio "RUbiaaaa" No fue divertido. Pero para ellos tampoco, porque me giré y me vieron la pelambre facial, algo que supongo les hizo cuestionarse su sexualidad, y me dio un tanto en el litigio "Litos- el mundo de la obra"

O eso es lo que quiero pensar...

3.02.2007

Shangri-La

¡Qué ganas tengo de colarme en el super y la panadería!¡Y de ir con mucha prisa estando jubilado! Quiero jugar a la petanca en las mañanas soleadas, y quiero sentarme con mi perrito enano en un parque repleto de críos. Y mosquearme con ellos, y gritarles, y que me miren mal, y que me dé igual. Comentarle la jugada a mi perrito, y a la cajera bacala del consum. Y que la gente me mire raro mientras vuelvo a empezar la historia de la bici que casi me atropella esta mañana. Sentarme delante de la radio a escuchar la misa. Sentarme delante de la tele y creérmelo todo. Leer y olvidar lo leído.

Quiero mi Shangri- La. Y lo quiero ahora.