5.19.2007

Odio el golf

¡Ah, el golf! Deporte popular, dicharachero, para los amigos de la naturaleza...¡en Escocia!

Vamos a ver: ¿cuándo han visto ustedes un prado verde en la árida tierra del jamón serrano? Y no vale decir en los Pirineos, que ahí no se juega al golf. Con todo, aquí en la tierra de las naranjas tenemos tres campos de golf por habitante. No deja de ser curioso, porque no conozco a nadie que tenga palos de golf... será que juegan con ramitas y piedras, como hacíamos de pequeñitos.

En algunas regiones costeras, hay cortes de agua periódicos, porque hay que ahorrar agua. Pero ojo, que la verde hierba no se riega con agua salada, ¡que se pone fea!

Para entrar en un club de golf no basta con entrar por la puerta: en muchos hay que comprar acciones del club, lo cual significa como un milloncete de pesetas de las viejas (6000 leros, vamos), además de pagar cada vez que uno quiere jugar. Como todos pueden ver, un deporte para las masas, como el futbol sin portería o al petanca.

Y bueno, luego está el tema "deporte" ¿Realmente es deporte pasear por el campo con un palo al hombro? Yo lo hago (sin palo), y todavía no estoy federado. ¿Es deporte, si los palos los lleva un machaca que anda detrás de tu cochecito?

En fin...

Odio a Morrissey

A mí nunca me gustaron los Smiths: me parecían muy moñas, muy ochenteros, y el cantante llevaba el pelo como Vanilla Ice. El problema es que sí me gustaban las versiones que otra gente hacía de los Smiths. Así que decidí hacerme con un par de discos.

Ylo que odio no es a los Smiths: los Smiths molan. Lo que no mola es el sonado de Morrissey. Es el típico cantante gorgoritero que no se sabe estar callado, y canta encima de los solos. Y que se dedica a hacer florituras por aquí y por allá que para mi gusto cagan la canción por completo. Vamos, como Björk.

No voy a entrar en las pintillas del mozo, porque los 80 fueron los 80, y vestir con dignidad en tan mala época era imposible. Pero ese pelete... Bueno, dije que no entraría en eso.

Pero hay algo que caga definitivamente a Morrissey: su boca, que es muy grande. Desde apoyar al equivalente inglés de fuerza nueva hasta posturear de vegetariano estricto pasando por cagarse en Thatcher, este hombre debería llevar una listita con la gente en la que se ha cagado a lo largo de los tiempos para no contradecirse (...espera, ¡yo también!)

Con todo, es innegable que es un tío inteligente y leído, y que sabe cantar. Para mí, el problema es que se empeña en recordárnoslo cada cinco minutos.

5.14.2007

Me la pela la formula 1

A mí es que esto de los cochecitos que queman mucho combustible y se pegan castañas me da un poco igual. Además, no es que corran media horita y se vayan a casa: las carreras de coches duran como tres horas, o algo así.

Y ahora resulta que la presidencia de la comunidad de las naranjas quiere hacer de la ciudad de las naranjas un circuito urbano de fórmula uno, pero sólo si siguen siendo caciques.

Lo más bonito de todo no será cuando un fórmula 1 se estrelle contra la puerta de mi patio y el seguro no me lo quiera pagar, o cuando se cuelen ruedas ardiendo en el patio de luces en que tiende la vecina del primero.

Lo gracioso vendrá cuando encima de pagar porque esta panda de mongoles nos ocupen la ciudad tengamos que sufrir a los bacalas emulando a sus héroes, cuyos apellidos italo-germanos se me escapan (¿farinetti?¿farlopetti? me la pela...) Y cuando nos echen la culpa de tantos atropellos de viejitos y premamás a los valencianos, que somos todos unos borregos. O cuando el autobús no nos lleve a ningún sitio (demostrado queda que el metro sólo te lleva a donde nunca volverás) porque los conductores estén hasta la hueva de esquivar ferraris, y les echen la culpa al honorable sindicato de autobuseros.

Lo siento, aficionados al ¿deporte? del motor, pero me cago en la fórmula 1. Y me limpio el culete con banderas de cuadros.

Litos & sus Odiolitos dixit

P.D: Está visto que lo que mola es odiar. No se preocupen, parroquia, que se acabaron las odas por un tiempo

5.09.2007

Oda al producto Canadiense

Yo no sé qué les dan a los niños canadienses para desayunar, pero salen todos hechos unos campeones.

En los sesenta teníamos a Leonard Cohen, un escritor treintañero metido a cantautor folk que te arrancaba las tripas en tres minutos con una guitarrita española. Luego vino Neil Young, que hace mucho ruido y da mucho miedo cuando se pone fiero.

Vale, de Bryan Adams no vamos a hablar, que ese sí da miedo...

Y hace unos añitos, todo lo que viene de allí me da ganas de mudarme:
- New pornographers: Eso es power pop de libro. Una mega banda en la que Neko Case canta olvidándose las botas camperas y con estribillos eternos que cantan todos juntitos. Estribillos de esos que te da pena cuando se acaban.

- Black Mountain: Parecen Black Sabbath tocando con una caja de ritmos, y cantan un chico y una chica a la vez. Si algo me llega al corazón, son voces dobladas por chico y chica (vale, Pimpinela puede ser la excepción que confirma la regla) Tienen canciones que te dan ganas de tener una chopper y una barba poblada. A falta de ambas, voy en bici y levanto el puño en alto cuando llegan los estribillos. Además, los dos cantantes tienen su proyecto paralelo, Pink Mountaintops, en un plan electro-folk que haría sonrojarse a las pedorras de las Cocorosie (que después de "Terrible angels" me aburren como a las piedras)

- Arcade fire: madre mía. Madre Mía. MADRE MÍA. Un tío que canta como si Talking heads siguieran vivos, una orquesta en miniatura que ríete tú de dEUS. Letras de las que dan miedo. Una chica que es capaz de cantar como Björk pero con gusto, y que toca el acordeón, la guitarra, el bajo y el teclado. Coros. Leña. Rollito apocalíptico (el primer disco se llama Funeral, chavales...) ¿Qué más se puede pedir esta primavera?

- Blood Meridian: Folk agresivo con un tío que parece el cantante de Vines, pero en cuerdo. Tienen una canción que se llama "Work Hard, for what?" Molan. Remolan.

...y me dejo en el tintero al animalejo de Danko Jones, a los Black Halos, a los que ya se les ha pasado el arroz pero que tenían su punto, y vete a saber cuántos más....

Mudémonos a Canadá. El agua de allí tiene algo especial