8.30.2007

El suicidio social y tú, II

Una de las modalidades más vistosas de suicidio social es aquél que comete cierta gente cuando intenta integrarse en un grupo de gente que desconoce. El ejemplo de libro de texto, y que sin duda todos habréis presenciado, es el profesor que intenta ir de enrollado con sus alumnos y dice "mola", "guay" y otras expresiones que cuando él era joven eran lo último en jerga adolescente. No funciona. Y ponerse converse de colores tampoco. Pero el gremio lo sigue intentando, qué le van a hacer...

Luego está cuando un -pongamos- arquitecto tiene colegas de Bellas Artes, y se reune con ellos y todos sus amigos chupiguays en la colorida cafetería del Artisteo. Empieza a oir nombres raros, y en un momento determinado suelta "sí, a mí me mola mazo Dalí" Crucifixión inmediata. O si sus colegas van a tomar un café arquitectónico y pretenden integrarse diciendo que Gaudí mola mazo. ¡Excelente! Una regla de oro en estas situaciones es SIEMPRE hablar de lo que no sabes, y los demás sí. Caerás muy bien.

Yo he protagonizado unos cuantos de estos, en la típica conversación de machotes sobre fútbol y/o coches, o de molones sobre LCD Soundsystem, o Bansky, o la madre del cordero. Al final desisto de tratar esos temas, y miro por la ventana. El resultado es el mismo, porque no caes especialmente bien, pero al menos te ahorras el papelón.

8.27.2007

Después de leer "300"

Frank Miller dibuja muy bien. Usa el contraluz con generosidad, compone las páginas que da miedo, y sus historias siempre están bien contadas. Pero hay un problemita: a Frank Miller le pierden los personajes fascistoides, las mujeres tetudas y los mamporros. Muy bien dibujado todo, eso sí.

Y aquí saca a pasear a una panda de machotes espartanos en bolas que van a hostiarse con un montón de moros malcarados y bastante afeminados. Y se meten con los atenienses, a los que llaman "amantes de los chicos". Los espartanos. Los que inventaron la pederastia y la practicaban como alegre rito iniciático.

La historia en sí es una chorrada gigante, con pretensiones épicas que ríase usted de Conan. La gente esta va, mata a muchos malos, pero al final los malos se los cepillan a todos, menos a uno que se lo cuenta al resto de griegos, que al fin se unen ante el enemigo común y salen victoriosos. Todo el asunto, sin entrar en que los malos son -qué curioso en los tiempos que corren- persas, echa un tufo militarista marca "exaltemos la vida guerrera y unámonos todos para matar a los demás" que tira atrás. Todo se soluciona igual que se solucionaba en Sin City o en Batman- Dark Knight: en blanco y negro. Nosotros sí, los otros no, y punto.

Y no voy a ser yo el que ponga el grito en el cielo por la estilización de la violencia: al fin y al cabo, sabía a lo que iba, y Hard Candy, Pulp Fiction y Peckinpah me molan más que a un tonto el pan. Pero aquí sólo hay hostias, parafascismo y machoterío por doquier. Supongo que los fans de Lobo y similares se pondrán muy rabiosos y me buscarán para sacarme las tripas y matarme y degollarme después, pero no me preocupa, porque no creo que estén en muy buena forma, y yo corro mucho.

P.D: Familia, háganse un favor. Si quieren cómics, háganse con Blankets, Goodbye Chunky Rice, Pildoras Azules, Persépolis o -qué puñetas- con el cómic estrella de este blog: Odio, de Peter Bagge. Pero no se gasten los cuartos en un libro de posters de Conan en Grecia.

8.21.2007

El suicidio social y tú, I

Expliquemos mi idea de suicidio social. Un suicidio social es cuando dices o haces algo tremendamente inapropiado para tu entorno social, haciendo que un montón de personas te borren de su móvil o peor aún, de su messenger.

Hay muchas maneras de suicidarse socialmente. Las hay más largas y más cortas. Las hay divertidas; otras dan pereza o grima. No es lo mismo ir con una camiseta de Nirvana a LeClub que hurgarse la nariz en una cena de gala.

Una de las más largas y dolorosas formas de suicidio social es jugar al rol. Como todo buen juagdor de rol sabe, sólo hace falta un par de cosas para jugar: tu imaginación, y tu virginidad. Algunos añadirán dados, libros, dibujos soft-core de chicas con espadas y miniaturas, pero en el fondo todo eso son añadidos para que tu lento y doloroso suicidio social sea más llevadero.

Una de las más cortas sería decir que te mola Ozzy Osbourne en el FIB. Fácil, veloz e indoloro: ya nadie te habla, y te has vuelto invisible. Podrías ponerte a cagar en la primera fila del concierto de Arctic Monkeys, que nadie te diría nada.

Uno puede cometer tantos suicidios sociales como grupos diferentes de personas conozca, y cada uno de ellos exigirá distintas tácticas. En posts por venir, estudiaremos el suicidio social en varias facetas de la vida.

O bueno, siempre puedes pasar de todo y comprarte dados de veinte caras. Con eso lo tienes todo solucionado.

Odio los metaposts: ahí va uno

Iba a dedicarle un odio a Vargas Llosa, por su mojigata reacción ante la famosa portada del Jueves, que tal vez espere que le valga un premiete o dos. He echado un ojo a su web, y no ha podido más que reírme. ¡En la sección "Bibliografía" salen hasta las cartas que ha escrito! Claro, así yo también tengo una obra dilatada.

También había pensado odiar a toda la gente que no es lo bastante persona para saludarte por la calle o responder a los e-mails que le mandas. Los mosquitos muertos que siempre hacen mutis por el foro y que cuentan con la educación de los demás para escurrir el bulto. Pero de una manera u otra, eso ya lo he hecho.

El problema es que después de dos años de odio, ya no me quedan muchas cosas por odiar. Todo lo que se me ocurre odiar, todo lo que la gente me dice "molaría uno de esto" ya lo hice. Así que esto va a cambiar.

Supongo que habrá más de las aventuras del pobre Luis, Miedo y asco en la Ciudad de las Naranjas (1, 2, 3, 4, 5, 6, y 7), y habrá más odas. Desde luego, esto no se convertirá en uno de esos blogs moñosos de "mi perro me ha dejado, mi novia se ha comido mis deberes, hoy me he comido un helado" Desde luego, algún odiete caerá, pero no quiero atarme a la fórmula.

Pues eso, familia, a partir de ahora, literatura fina de un tipo sensible.

P.D: De todas formas, quien se quede con ganas de bilis tiene el índice a la derecha con 130 odios censados...

8.07.2007

Odio el verano

Hay una canción muy salada, que yo le he oído a B.B. King, llamada "Summer in the city", y que viene a decir que sí, que hace calorcete, pero mola porque luego por la noche todo es una fiesta que te cagas. Gordo mentiroso... En agosto, no hay NADIE en la ciudad mas que mis gatas, yo, y la vecina de enfrente que me llama para darme la murga porque se aburre.

La panadería cierra. Los sitios de salir cierran, y de todas maneras no pasa nada, porque no hay con quién salir. Me toca cambiar de camiseta dos veces al día. He de ponerme pastosas cremas de protección solar para evitar el efecto gambón. Al salir de la ducha, da igual que te seques o no, porque en tres minutos volverás a estar empapado. Cualquier actividad más allá de encender el aire acondicionado te deja sudoroso y boqueando.

El verano apesta. Y quien te diga lo contrario posiblemente trabaje en una agencia de viajes.