9.22.2007

El montón de tierra que vino de las estrellas

Ayer por la tarde apareció un montón de tierra en la puerta de mi casa. Un montón de tierra ENORME. Marrón, húmedo, uniforme y compacto. Como si a alguien se le hubiera caído una maceta tamaño familiar. El caso es que no había oído ningún camión a lo largo de la tarde. Ningún obrero trayendo tierra en su carretilla. Nada. El montón de tierra había llegado sin ruido a mi puerta, y parecía haber encontrado su hogar. Pasé rápido por su lado, no fuera a salir una horda de hormigas gigantes para anunciarme el fin de la humanidad, compré filipinos de chocolate blanco en el consum, y volví a encerrarme en casa. El montón de tierra vigilaba mis pasos.

Por la noche llovió, y el montón de tierra ni siquiera se dignó convertirse en barro. Sólo se mojó un poco por arriba, sin dignarse cambiar de forma ni textura. Ese montón de tierra que no debía existir resistía en mi portal. Llovió toda la noche, y cerré con llave. Mis gatas estaban agitadas por el olor de tierra mojada. Seres informes de colores indescriptibles poblaron mis sueños.

Me he levantado esta mañana con un regusto a alpargata en la boca bastante desagradable, y he corrido a la ventana. Un señor ruso barría la tierra de mi portal. Silbando. Canturreando en ruso. En un ratito, no quedaba más que una tímida manchita de barro marrón. El señor ruso se la llevó por delante con su escoba despeinada.

Desayuné Smacks. Me faltó el café, pero me daba cosilla ver el montoncito marrón en la cafetera.

9.19.2007

El perro del tercero B ladra, y la vieja del cuarto sube la tele hasta que toda la calle puede escucharla. El señor del primer piso se ha olvidado de cuando era director en una escuela fascista, y ensaya discursos sobre los pomelos frente al espejo del baño. Su mujer golpea la puerta. El nieto de la portera acaba de llegar borracho, y son las ocho de la tarde. La portera no se entera porque está muerta. Murió hace dos años. La vecina del cuarto se acuerda de ella porque tenía una frutería, y siempre pasaba a comprar arreglo para el cocido. El hombre del perro se queja de que la escalera entera huele siempre a cocido, y le pega un grito al perro. El perro del tercero ladra.
Y la chica del segundo derecha llora haciendo mucho ruido esuchando la música muy alta para no oír el relity show de la vieja del cuarto, y se arrastra al baño con los mocos colgando. En la tele del cuarto están follando, y eso no le gusta a la vieja del cuarto, así que quita la tele. El nieto de la portera que se tropieza con algo y se da en la cabeza con la caja de los fusibles, y de golpe se van las luces y se corta la música, y sólo se oye a la chica del segundo llorar a moco tendido y al perro aullando y al señor del primero declamando odas y y al tipo del tercero berreando por el cocido.
Al día siguiente se dan los buenos días bajando en el ascensor y se encuentran al nieto de la portera que ya no grita ni nada, con la cabeza abierta y las manos en ángulos imposibles.

P.D: En efecto, los blogs son el McDonalds de la literatura, pero el blog es mío, y hago con él lo que me rota.