12.24.2007

Miedo y asco en la ciudad de las naranjas, VIII

Cada noche de 24 de diciembre, a Luis le entran ganas de montar una escena. Coger una copa de fino cristal, una cucharilla de plata, levantarse y hacerlas sonar. Contar por qué no se ha casado, por qué no tiene un trabajo estable, y por qué le cuesta dormir por las noches.

Hablar de Nelo, y de lo que el padre Eugenio le hizo a Rubén, el nuevo de clase. De cuando se dio cuenta que su tía había vivido sus últimos cinco años sola, y nadie había hecho nada al respecto.

Que lo conocieran de verdad, todos los que compartían material genético con él. Ser una familia de esas de las películas. Como en Celebración.

Pero como cada noche de 24 de diciembre, se limitará a abrazar y besar, y a poner su mejor sonrisa. A decir que todo va bien, y que seguirá así. Porque a nadie le gusta que le amarguen los gambones. Luego volverá a casa, se pondrá el pijama y verá una peli vieja en el sofá hasta dormirse.