1.19.2008

Una tarde en el campo

La oreja pegada a las vías mientras su hermana la mira. Hace frío, y su aliento hace nubes y gotitas en el metal helado. Las piedras clavadas en las rodillas. Los ojos cerrados, esperando el sonido pesado y regular.

La hermana pasea alrededor y tira piedras a los árboles. La hermana canta en voz bajita y abraza a su muñeca. Mira las nubes tupidas buscando un resplandor. Se sube los leotardos, se abrocha los zapatos.

Aquí viene. Un tambor sordo en el hierro fresco. Un pájaro gritando desde un árbol pelado. Treinta gatos bufando, el cuchillo afilándose. Mil cucharas cayendo al fondo de sus cuencos. La arena de la playa cuando se te cuela entre los dientes. Y cada vez más cerca, cada vez más fuerte.

El hueco en el estómago, un sabor metálico al fondo de la lengua, las uñas clavadas en las palmas de las manos. Aquí viene. Una nube densa y el rugido de un león muy grande. El metal rascando metal. La pintura pelada a los lados de las ruedas, el hollín volando sobre sus cabezas. Lento y regular, amplificado mil veces. El eco de las nubes. El chirrido brillante de los frenos.

Y la sombra más y más grande frente a ella.

2 comentarios:

moonriver dijo...

¡Me encanta!Y el anonimato de las hermanas lo hace todavía más espeluznante.

odiolitos dijo...

Vaya, pues muchas gracias. De hecho viene de una escena de "El espíritu de la colmena", peliculón donde los haya...

Supongo que tendría que habérmelo callado para quedar más molón, pero mira...

¡¡Menudas horas, querida!! (aunque yo no debería hablar...)